“¡Oh si mi cabeza se hiciese aguas, y mis ojos fuentes de lágrimas, para que llore día y noche los muertos de la hija de mi pueblo!” (Jeremías 9:1). Lectura: Jeremías 8:20-22. Jesús tenía mucho en común con el profeta Jeremías. Ambos amaban a su pueblo entrañablemente; su corazón estaba quebrantado por […] Leer más