¿QUÉ PASÓ LUEGO?

“Toda la maldad de ellos fue en Gilgal; allí, pues, les tomé aversión; por la perversidad de sus obras los echaré de mi casa; no los amaré más; todos sus príncipes son desleales. Efraín fue herido, su raíz está seca, no dará más fruto; aunque engendren, yo mataré lo deseable de su vientre. Mi Dios los desechará, porque ellos no le oyeron; y andarán errantes entre las naciones” (Oseas 9:15-17).
 
Lectura: Oseas 9:9-12[1].
 
            En las diez meditaciones anteriores hemos visto como Israel tenía que escoger. Dios iba mandando advertencias vez tras vez a su pueblo en cuanto a las consecuencias de escoger la idolatría pagana, que iba acompañada con orgías, embriaguez, prostitución cultual y sacrificio de niños. Escogieron mal. Ellos confundieron la paciencia de Dios con permisividad y creían que no les pasaría nada, pero les pasó lo peor, lo inconcebible: Dios les desechó. Su pecado fue notorio: “Los hijos de Israel anduvieron en todos los pecados que había cometido Jeroboam. No se apartaron de ellos, hasta que Yahweh apartó a Israel de su presencia, tal como había dicho por mano de todos sus siervos los profetas” (2 Reyes 17:22-23). La historia nos lo cuenta: El reino del norte, Israel, fue invadido por Asiria, diezmado, y los supervivientes esparcidos por los otros pueblos conquistados por Asiria donde perdieron su identidad como pueblo. Desaparecieron para siempre. Los asirios acabarían con la descendencia de Efraín. Sin embargo, la expulsión de la tierra no es el final del castigo de Israel; aún más terrible es la frase siguiente: “No volverán más a ser amados por mí”. No solamente han perdido su tierra, sino también el amor, la providencia y la protección de Dios, y eso para siempre.
 
            En el libro de Oseas tenemos una profecía muy fuerte sobre el final de Israel. Dios empieza con el inicio de su relación con este pueblo y lo traza hasta su final. Habla de su encanto inicial con ellos. Lo describe como un hallazgo, un deleite, como encontrar uvas en el desierto (9:10), o como encontrar una vid frondosa (10:1), o una novilla domesticada (10:11); Israel fue su hijo amado (11:1). Pero la relación tuvo un desarrollo lamentable, de apostasía en apostasía. Hay frecuentes referencias a la historia pasada, de la inconstancia de Israel, episodios que ocurrieron en Baal-Peor (9:10): “Ellos fueron a Baal-Peor y se consagraron a la vergüenza, y se hicieron tan abominables como aquello que amaron”, en Gilgal (9:15), en Bet-El, llamado aquí Bet-Avén (10:5 y 8), en Gabaa (10:9, cf. 9:9); y en Adma y Zeboim (11:8). La historia de Israel está sembrada de episodios de infidelidad hasta que Dios los desechó como pueblo suyo. Los únicos judíos que tenemos hoy son descendentes del reino del sur, de Judá, Benjamín, y de los Levitas.
 
            Esto nos deja helados. Para algunos es una nueva visión de Dios y aún lo tienen que digerir. Su concepto de Dios es que siempre perdona. Pero si no hay arrepentimiento, no hay perdón, y esto es desastroso. Que el respeto y la reverencia a Dios nos mantengan siempre en obediencia a su santa Palabra. Amén.

[1] Si deseas recibir una exposición de esta porción de las Escrituras por David Burt puedes solicitársela por WhatsApp al 645 091 428.

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