“Cuando vino al templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a él mientras enseñaba, y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te dio esta autoridad?” (Mateo 21:23).
Lectura: Mateo 21:23-32.
En tiempos de Jesús el judaísmo estaba dividido en varios sectores: los fariseos, los escribas, los saduceos, los herodianos, los esenios y los zelotes. Cada uno de ellos chocaba con Jesús en cuanto a su énfasis, y cada uno intentaba derrumbar a Jesús en argumentos, porque querían que su grupo tenía la razón. Se daban cuenta de que Jesús no encajaba dentro de ninguno de los esquemas de ningún grupo.
Los principales sacerdotes. El sumo sacerdote y la mayoría de los sacerdotes eran saduceos. Ellos pretendían ostentar la autoridad en el judaísmo. Por esto le desafiaron a Jesús en cuanto a la suya (Mat. 21:23). Jesús nunca revelaba verdades espirituales a personas que no querían saberlas. Les contestó indirectamente que su autoridad venía de la misma fuente que la de Juan el Bautista, poniéndolos en un aprieto, porque delante de la multitud no querían reconocer que ellos rechazaban a la persona que los demás tenían por profeta. Preferían quedar como ignorantes que como incrédulos. Jesús contó dos parábolas que los evidenciaban como desobedientes a Dios y violentos con los profetas.
Los herodianos. Este grupo apoyaba al gobierno de Roma. Eran lo opuesto de los zelotes que trabajaban para derrocar a los romanos y devolver el gobierno del país a los judíos. Aquí los discípulos de los fariseos, que eran discretamente rebeldes, se juntaron con herodianos que apoyaba a Roma, para derrocar a Jesús preguntándole acerca de pagar los impuestos al gobierno romano, un tema controversial. Si Jesús contestaba a favor de Roma, perdería el soporte de una parte de la multitud, y si contestaba en contra, podría ser arrestado. Jesús esquivó su complot ensenando que hay que dar a Roma lo que le corresponde y a Dios lo mismo, cosa que ellos no hacían.
Los saduceos. Ellos eran los liberales de su día. Negaban los milagros, la resurrección de los muertos, y lo sobrenatural en general. Preguntaron a Jesús acerca de la resurrección con la intención de dejarlo en ridículo. Jesús los confrontó con la raíz del error de su secta: “Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios” (22:29), errores colosales. Les desbarató todos sus planteamientos.
Los fariseos. (22:34) Los fariseos eran el grupo religioso más conservador. Conocían bien las Escrituras y exigían a los demás su cumplimiento total, hasta el detalle más minúsculo de la ley. Para comprobar la ortodoxia de Jesús le preguntaron: “Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley?”, La respuesta de Jesús, que el gran mandamiento de amar a Dios no se puede separar del siguiente, el de amar al prójimo, “y que de estos dos depende toda la ley” les dejó en la posición delante de Dios de haber roto toda la ley.
Los zelotes. Eran patriotas y querían la independencia de Roma. Eran militantes. Ellos no le hicieron ninguna pregunta a Jesús. Él también quería un estado independiente de Roma, pero lo suyo no era un Israel libre, sino el Reino de Dios, que no es de este mundo. En la cruz Jesús trató este asunto con el independentista que murió a su lado. Al principio este hombre estaba molesto con Jesús porque no había luchado contra Roma, pero después comprendió y pidió a Jesús admisión en su Reino (Lu. 23:42).
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