“Alabad a Jehová… Dad a conocer sus obras… Cantadle… Hablad de todas sus maravillas… Gloriaos en su santo nombre… Alégrese el corazón de los que buscan a Jehová. Buscad a Jehová y su poder… Acordaos de las maravillas que él ha hecho” (Salmo 105:1-5).
Lectura: Salmo 105:1-6.
¡Que alegría cuando encontramos a una persona que es así!, haciendo lo que pone en este salmo. ¡Qué bueno es cuando nosotros somos así! No estamos hablando de cómo somos durante el tiempo de alabanza en la iglesia, sino todo el día, como nuestra manera acostumbrada de ser. Esta actitud involucra todo lo que somos, y cada parte de nuestro cuerpo. La boca está alabando a Dios. La información que transmitamos es alentadora. Es veraz, es positiva y animadora. Estamos hablando a la gente de todo lo que ha hecho Dios a lo largo de la historia, y en nosotros mismos. Esto nos aporta alegría. Afecta positivamente nuestras emociones. Esto es saludable para el cuerpo. Nuestra mente está funcionando, recordando cosas impresionantes que Dios ha hecho, no solo en la Biblia, sino también en nuestras vidas. Esto nos da un corazón alegre. Y nuestra voluntad está activada en algo que nos desafía. No está fuera de nuestro alcance, sino algo que podemos conseguir: vivir siempre en la presencia de Dios.
Claro, para conseguir esta manera de ser requiere trabajo de nuestra parte, pero vale la pena todo el esfuerzo que exige. Tenemos que disciplinar nuestra mente. Hemos de decidir que no vamos a hablar de lo mal que me encuentro, ¡a no ser que estoy en el despacho del médico! No voy a hablar del daño que me han hecho, a no ser que estoy con una persona que me pueda ayudar a procesarlo. La norma general es que estoy hablando de cosas que pueden beneficiar a los que me escuchan y ayudarles en su relación con Dios.
Tengo que darme cuenta de que la gente quiere verme alegre, y lo estoy, no poque nací con este temperamento, sino porque Dios me ha cambiado, porque el Espíritu Santo me está consolando, animando, y dando amor por la persona que tengo delante. Dios me quiere ver alegre, porque Él ha dado alegría a mi corazón con su salvación. Y yo me quiero ver alegre, porque hace que la vida sea más llevadera, y es salud para mis huesos.
Padre amado, te alabo en el día de hoy. Mi alma se recrea en tu presencia. Es verdad que en tu presencia hay plenitud de gozo. Es donde quiero estar todo el día, no importa dónde estoy, o lo que me pasa. Gracias por tu salvación, ¡y gracias porque sigues salvándome de mí misma! ¡Gracias que no has terminado, solo empezado! Me acuerdo de las cosas milagrosas que ya has hecho para mí, de las personas maravillosas que has puesto en mi vida, de tus comunicaciones conmigo, de lo que me has revelado de tu Palabra, de tus consuelos, y de todo lo que harás. Contestarás a las oraciones que tengo pendientes y veré más maravillas tuyas, porque te agrada maravillarme con lo que haces. Bendito tú ahora, todo el día, y eternamente. Amén.
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