¿QUIÉN TIENE RAZÓN?

“Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente” (Romanos 14:5).

Lectura: Rom. 14:5-8.

            Este texto ilustra la estatura tan grande del apóstol Pablo y la madurez que tiene al afrontar un tema controversial. Se ve que hubo una divergencia de opciones en la iglesia en cuanto a la celebración de ciertos días de fiesta del calendario judío. Para unos era muy importante la celebración de ciertos días que habían celebrado toda la vida. Ahora que eran cristianos no veían ningún motivo por el cual dejar de celebrar estas fiestas que Dios había instaurado en tiempos de Moisés y tienen mucha enseñanza todavía para el día de hoy. Para otros que se habían convertido desde un contexto pagano, estas fiestas no guardaban mucho significado. ¿Habría que celebrarlos o no?

            Si Pablo se decantaba a favor de los judíos, ya tenemos una división en la iglesia en base a etnias. Esta contradeciría todo lo que creemos acerca de la unidad de la iglesia. Sería imponer una unidad basada en la cultura judía. Te conviertes y ya eres judío. Pero esto no puede ser. Para evitar esta idea equivocada Pablo podría prohibir la celebración de fiestas judías. Si lo hace ofendería a mucha gente, e innecesariamente, porque estas fiestas encerraban mucha enseñanza. Así que opta por una decisión que no está a favor de ninguna nacionalidad: “Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso al día, para el Señor no lo hace” (14:5, 6). La espiritualidad no consiste en lo que hacemos, sino en la motivación que hay detrás. Ninguno es más espiritual si hace lo que hace para el Señor.

Notemos algunas cosas hermosas acerca del carácter del apóstol Pablo:

  • No dice: “Aquí mando yo”. No exige que todos hagan lo que él diga, sino lo que el Señor los dirija a hacer. Esto fortalece la relación con el Señor y no con el líder humano.
  • No opta a favor de su propia opinión. No la impone.
  • Evita conflictos en cuanto a quien tiene razón. No se trata de tener razón, sino de tener la motivación correcta.  
  • También se trata de respetar la espiritualidad del otro. Esta idea de que todos los que opinan igual que yo son los espirituales, ¡no vale!
  • Es muy feo cuando cristianos discuten acerca de quién es lo más espiritual. ¡Si discutes, demuestras tu falta de espiritualidad!
  • Deja que la otra persona maneje su propia espiritualidad.

Padre amado, ayúdame a respetar la espiritualidad del otro, no porque piense igual que yo, sino porque está haciendo lo que tú pides de él. En todas las diferencias de opinión, que nunca perdamos los buenos modales, la educación, y el respeto. No queremos defendernos como los de la calle, sino como lo hacía el Señor Jesús, con dignidad. Padre, que pueda tener la sabiduría del apóstol Pablo para no ofender la sensibilidad de nadie, sino para ayudar a cada uno a buscar al Señor personalmente para que pueda saber a qué atenerse. Gracias, Padre, por tus soluciones que no ofenden, sino que edifican. Amén.

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