“Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios” (Fil. 3:15).
Lectura: Fil. 3:7-17.
Hay un pasaje profundo que me ha enseñado mucho sobre el tema en cuestión. Procede del ejemplo del apóstol Pablo. El apóstol acaba de dar una enseñanza muy importante a la iglesia de los filipenses. Incluye una advertencia contra los falsos maestros, el peligro del legalismo, nuestra verdadera identidad en Cristo, el valor de conocerlo, y la necesidad de la perseverancia hacia la meta de alcanzar todo lo que Dios tiene para nosotros. ¡Anda que no es importante esta enseñanza! Sin embargo, Pablo no entra en discusión si alguien no está de acuerdo con él. Dice: “Así que, todos los que somos perfectos (maduros), esto mismo sintamos (estad de acuerdo con todo lo que acabo de enseñar); y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios” (Fil. 3:15). ¿Os dais cuenta? ¡Esta actitud es vital! Pablo está diciendo que, si alguien piensa de otra manera que él en cuanto a lo que ha enseñado, Dios se lo hará entender. En lugar de discutir o forzar a otros a cambiar de opinión, Pablo confía en que Dios guiará y corregirá directamente a quienes tengan dudas de sus enseñanzas o una perspectiva equivocada. Esta capacidad de confiar en Dios para cambiar a otro da descanso.
Nosotros no podemos dar entendimiento a la gente. Tiene que venir de Dios. Pablo no dice: “Si no estás de acuerdo conmigo, voy a hablarte y hablarte hasta que lo entiendas correctamente. ¡No dejaré de tratar de convencerte hasta que estés de acuerdo conmigo!”. No. Pablo ya ha cumplido con tu cometido. Deja el resto en manos de Dios. Pone su fe en la capacidad de Dios para cambiar la manera de pensar de sus oponentes. Nosotras tenemos que hacer lo mismo. Si alguien no está de acuerdo con nosotras, lo dejamos con el Señor para que Él cambie su manera de pensar. ¡Pon la confianza en Dios y no en ti misma para cambiar a las personas! Ten fe y paciencia, Dios lo hará.
Los tres pasos para tener paz en tu corazón y una buena relación con el que no está de acuerdo contigo:
- Decidir que no vas a convencerlo tú. Deja de discutir. Ya has hecho tu misión, has complido con tu responsabilidad. Has enseñado lo que dice la Palabra respecto al tema en cuestión.
- Dejarlo con el Señor. Este no es un acto de resignación, sino un paso de fe. Oras al Señor y le entregas a esta persona que esta obcecada, cerrada de mente, con ganas de discutir, y, posiblemente enfadada contigo. Al Señor le pides misericordia para ella y que Él la enseñe.
- Creer que Dios le dará el entendimiento que le falta en Su tiempo. Ya puedes dar gracias al Señor por cómo Él cambiará su forma de pensar y cómo le dará claridad. Pide paciencia para ti. Dios te ha cambiado a ti. También cambiará a esta persona tarda para oír como lo hizo para ti.
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