NUESTRA MAYOR NECESIDAD

“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio” (Salmo 51:10).
“Os daré corazón nuevo” (Ezequiel 36:26).

Lectura: Ef. 4:22-32.

Hay un himno hermoso que expresa nuestra mayor necesidad con toda claridad:

1 ¡Oh, por un corazón que alabe a mi Dios, un corazón liberado del pecado,
un corazón que siempre sienta tu sangre derramada tan libremente por mí!


2 Un corazón resignado, sumiso, manso, el trono de mi gran Redentor,
donde sólo se oye hablar a Cristo, donde Jesús reina solo.


3 Un corazón humilde, sencillo y contrito, creyente, verdadero y limpio,
del cual ni la vida ni la muerte pueden separarlo de Cristo que mora en él.


4 Un corazón renovado en cada pensamiento y lleno de amor divino,
perfecto, justo, puro y bueno, una copia, Señor, del Tuyo.


5 Tu naturaleza, Señor misericordioso, infúndeme; ven pronto de lo alto;
escribe tu nuevo nombre en mi corazón, tu nuevo y mejor nombre de Amor.

                                    Charles Wesley, 1707-76

Oh Padre amado, venimos delante de Ti para implorarte que renueves nuestros corazones. Perdónanos la profundidad de depravación que tenemos, nuestro egoísmo, nuestra piedad que no incluye humildad, amor a la gente, compasión, y comprensión. Conocemos la Biblia de memoria, pero no somos capaces de amar ni siquiera a nuestros propios hijos. Juzgamos, condenamos, nos apartamos de otros creyentes como inmundos; creemos que tenemos la verdad y que ellos están equivocados; no toleramos a nadie que piense de otra manera; si alguien se equivoca no tenemos esperanza para él; si alguien cae en pecado, no queremos saber nada de él. No vamos a buscar a la oveja perdida para no contaminarnos con el mundo. Enfatizamos la doctrina a expensas del amor ¡cuando la esencia de la doctrina es el amor! El amor es el complimiento de la ley, no nuestro concilio de iglesia. La Santa Inquisición hemos trasladado de la Iglesia Católica a la Evangélica. Sentenciamos, excluimos y luego negamos la palabra al excomulgado. Oh Dios, danos un corazón de amor, como el corazón de Jesús que comía con pecadores, que tocaba a leprosos, que confrontaba el error, y vivía la verdad. Oh Padre, sálvanos de nosotros mismos, a la ceguera de no ver cómo somos, y renueva un espíritu recto dentro de nosotros, los más necesitados de tu gracia. Por amor a la salvación de los perdidos te lo pedimos. Amén.     

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