“Si mal os parece servir a Jehová, escogeos a quién sirváis” (Josué 24:15).
Lectura: Josué 24:14, 15; 1 Samuel 7:3.
Seguimos en medio del pensamiento de ayer, hablando acerca de las dos opciones puestas delante del pueblo de Dios. Vale la pena repetir lo último: Opción 1: Vida. Abandonar nuestros ídolos, entregarnos por completo al Señor, buscar su rostro, obedecer sus mandamientos y servirle solo a Él. No una religión superficial que nos haga parecer respetables, sino una relación sincera y profunda con el Dios vivo.
Opción 2: Muerte y destrucción. Apartarnos de Dios, perseguir nuestros ídolos, vivir para nosotros mismos y sufrir las consecuencias de rechazar a aquel que nos da la vida. Y no existe una tercera opción en la que podamos seguir persiguiendo nuestras propias ambiciones, dedicarle a Dios un poco de atención religiosa los domingos e imaginar que eso equivale a entregarle nuestro corazón por completo. El peligro está en que podemos estar tan convencidos de nuestra propia justicia, tan tranquilos gracias a nuestros hábitos religiosos y a la aprobación de quienes nos rodean, que dejemos de reconocer nuestra necesidad de arrepentirnos.
Dios no ha cambiado. Sigue queriendo nuestros corazones, no simplemente nuestras prácticas religiosas externas. Quiere que confiemos en Él, que lo amemos, que le obedezcamos y que sigamos el camino que nos señala. Y quizá la pregunta más incómoda sea si nosotros habríamos escuchado a Jeremías o si habríamos preferido las voces tranquilizadoras que nos aseguraban que todo iba bien. La voz de Jeremías era una voz que el pueblo no quería escuchar. ¿Y nosotros?
Oración — Inspirada en el Salmo 139:23-24:
Examínanos, oh Dios, y conoce nuestros corazones. Pon a prueba nuestros pensamientos y conoce nuestras inquietudes. Mira si hay en nosotros algo que te ofende, algo que hemos preferido pasar por alto, justificar u ocultar, incluso a nosotros mismos. Revela aquello de nuestra vida que te desagrada y danos un corazón humilde y dispuesto a aceptar tu corrección. Guíanos por el camino eterno. Amén.
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