SIEMPRE QUE ORES

“Mas tú, cuando ores…Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre…” (Mat. 6:6 y 9).

El Padre nuestro empieza mirando a Dios y pensando en Él y termina igual, fijándonos en su Persona: “porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, por todos los siglos”. Las peticiones están en medio. No reza: “Padre nuestro, el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”, sino: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad”. Esta oración modélica contempla al Padre reinando en glorioso poder, ejecutando su perfecta voluntad, santo en todo lo que hace y permite, esperando instalar su reino aquí en este mundo. El creyente se dirige al Padre y descansa delante de Él, absorbiendo la gloria de su poder antes de proceder con el resto de su oración. 

¿Cuándo hemos de orar así, empezando con alabanza a Dios y terminando con más alabanza? Siempre que oramos. El Señor dijo: “cuando ores”. Siempre tenemos que empezar nuestras oraciones con adoración y terminar con más adoración y salir adorando, pensando en el reino de Dios y su gloria.  De esta manera dejamos el periodo de oración llevándonos el ambiente del Cielo con nosotros.

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