NI TERROR, NI PRESUNCIÓN

“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo…acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia” (Heb. 10:19 y 22).

Lectura: Hebreos 10:1-25.

“Así que… adoremos a Dios con reverencia y temor, porque nuestro Dios es fuego consumidor” (Heb.12:28-29 R.S.V.).

“Acerquémonos, pues confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Heb. 4:16).

El motivo por el cual el escritor a los hebreos nos enseña a acercarnos a Dios confiadamente, es que deberíamos de estar aterrados, porque nuestro Dios es fuego consumidor. Podemos acercarnos a Dios con confianza, no porque Dios sea un colega al cual no le importa el pecado, tampoco porque sea un abuelo benigno que no mataría una mosca. En absoluto. La verdad es que Dios es fuego consumidor y siempre lo seráMoisés dijo que temblaba con miedo delante de su presencia (Heb. 12:21). Daniel se quedó mudo y atónito, cayó en un sueño profundo, perdió toda su fuerza y necesitó la mano de un ángel para que lo fortaleciera (Daniel 10:5-10). Juan, frente a la visión del Señor Jesús en gloria, cayó como muerto a sus pies (Ap.1:10-17). ¿Y nosotros vamos a entrar en esta presencia como si nada? ¿Vamos a acercarnos con toda nuestra cara a aquel delante de cuya presencia huirán la tierra y el cielo? Nuestra reacción debería ser una de terror. No obstante, el escritor de Hebreos nos invita a venir confiadamente, confiados en que vamos a recibir una recepción favorable, “porque la sangre rociada noshabla mejor que la de Abel” (12:24); habla favorablemente. Aboga a nuestro favor. Nos ha purificado. Somos inmaculados. Por este motivo -y sólo este motivo- podemos acercamos al trono de Dios confiadamente. Es un trono de gracia y hemos hallado gracia delante de Dios mediante la sangre de Cristo.

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