NUESTRA VIDA EN CRISTO[1]

“¿Tu vida en Cristo te da fuerzas? ¿Te consuela su amor? ¿Compartimos juntos en el Espíritu? ¿Tienes misericordia y bondad? Si es así, hazme muy feliz teniendo los mismos pensamientos, compartiendo el mismo amor y teniendo una sola mente y un mismo propósito. Cuando hagas algo, no dejes que el egoísmo ni el orgullo te guíen. Sé humilde y honra a los demás más que a ti mismo. No te intereses solamente por tu propia vida, sino también por la vida de los demás” (Filipenses 2:1-4, ICB).

Lectura: Fil. 2:1-4, RV60.

Me sorprendió lo desafiante que resultaba el pasaje en esta versión. Me pareció que estaba muy bien escrito y expresado con gran claridad. Te plantea una serie de preguntas a las que puedes responder sinceramente con un sí o con un no: “¿Tu vida en Cristo te da fuerzas?”. Sí. Me da fuerzas saber que habrá un mañana mejor. Me recuerda que Dios tiene el control y que, por tanto, no necesito tenerlo yo. Eso me da muchísimas fuerzas.

«¿Te consuela su amor?» A veces todavía me cuesta recibir el amor de Dios, pero sí, me consuela. “¿Compartimos juntos en el Espíritu?” Sí.

“¿Tienes misericordia y bondad?” Dios me ha mostrado una misericordia y una bondad que van mucho más allá de lo que podría expresar con palabras. Después de plantear estas preguntas, Pablo dice: “Si es así, hazme muy feliz teniendo los mismos pensamientos, compartiendo el mismo amor y teniendo una sola mente y un mismo propósito”. El apóstol ya ha establecido todo lo que hemos recibido de Dios y ahora, en cierto modo, nos pregunta: “¿Qué vas a darle tú a Dios como respuesta?”.

El pasaje continúa explicando cómo debe comportarse un hijo de Dios con otro. No debemos permitir que el egoísmo ni el orgullo nos guíen. Al contrario, debemos honrar a las personas que nos rodean. Del mismo modo, es maravilloso cuando mis hijos son amables entre ellos, se ayudan y se tratan con respeto. El ambiente cambia inmediatamente. No siempre importa tanto quién tiene razón. Lo importante es que estén unidos.

La última frase fue la que más me desafió: “No te intereses solamente por tu propia vida, sino también por la vida de los demás”. Tengo tantas cosas en las que pensar en mi propia vida que, a veces, me resulta difícil hacer espacio de manera intencionada para la vida de los demás. Hay personas a mi alrededor que atraviesan situaciones muy complicadas, y en ocasiones me cuesta prestarles la atención y el interés que merecen.
Una amiga está poniendo en marcha un nuevo proyecto profesional, y me di cuenta de que apenas le había preguntado nada al respecto. Durante la lectura sentí que debía detenerme y enviarle un mensaje. Pensé: “Esto no está bien. Ella ha sido un apoyo incondicional para mí y yo ni siquiera he tomado el tiempo de preguntarle cómo le va”. Así que, lo hice.

Señor, gracias porque me das fuerzas. Gracias porque me consuelas, y te pido que me ayudes a recibir tu amor más plenamente, porque sé que eso transformaría mi vida. Gracias porque puedo compartir en el Espíritu, especialmente con las personas de mi grupo de estudio. Gracias por haberme mostrado una misericordia y una bondad tan inmensas. Tu bondad hacia mí simplemente se desborda. Me has dado tanto, Señor, y te doy las gracias por ello. En el nombre de Jesús. Amén.

[1] Escrito por Becky Cretney

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