FRUSTRACIÓN

“Ellos entonces con gusto le recibieron en la barca, la cual en seguida llegó a la tierra adonde iban” (Juan 6:21).

Lectura: Juan 6:1-21.

Cuando Jesús estaba físicamente presente en este mundo, sólo podía estar en un lugar a la vez. Necesitaba tiempo a solas con el Padre. Un día su necesidad de orar a solas era tan apremiante que envió a los discípulos a remar al otro lado del lago de Genesaret y esperarlo en Capernaum mientras Él se quedaba en el monte para orar.

Los discípulos eran pescadores, acostumbrados al mar. No supuso nada extraordinario para ellos remar hasta el otro lado. Pero aquella noche el viento les era contrario. Llevaban horas remando y no llegaban a ninguna parte. Estaban remando con toda su fuerza, pero había oposición, como si hubiese un poder obrando en su contra. Aquello que les era tan fácil, ya no lo podían hacer. Sin Él ni siquiera puedes hacer aquello que siempre has hecho. Es el cansancio de trabajar, trabajar y trabajar y no hacer nada. Es agotador, molesto y frustrante. Tus fuerzas se acaban. Nopuedes hacer aquello que Jesús te ha mandado hacer sin Él. No podemos obedecerle sin su poder. Estamos capacitados. Hemos enseñado, presidido reuniones, explicado el evangelio y hecho nuestro trabajo muchas veces. El Señor nos ha dado un encargo y nos ponemos manos a la obra con toda nuestra fuerza. Nos matamos trabajando. Pero no llegamos a ninguna parte. Sin el Señor no podemos hacer aquello que nos manda hacer.

El viento recio y el mar turbulento no presentan ningún problema para Jesús. Aquello que nos causa tanta dificultad llega a ser el camino por el cual el Señor llega a nosotros: “Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar” (Mat. 14:25). “Ellos entonces con gusto le recibieron en la barca, la cual llegó en seguida a la tierra adonde iban” (Juan 6:21). Cuando el Señor está con nosotros, ya llegamos. En seguida alcanzaron la meta. Su presencia hizo lo que ellos por sí solos nopodían hacer. Ahora el Señor está con nosotros “todos los días hasta el fin delmundo”, pero tenerlo y sacar fuerzas de Él no es lo mismo. Necesitamos pedir su ayuda, y depender de Él conscientemente, no dar por sentado que nos ayudará. Creer en Cristo como Salvador y hacer las cosas por nuestra fuerza no nos lleva a ninguna parte. Si no oramos, no llegamos. No podemos obedecer al Señor si no recibimos su fuerza para hacerlo.

“Señor Jesús, ¡ayúdame a hacer esto que pienso que puedo hacer sola! Sin ti, no servirá para nada. Si pongo de mi parte y no me ayudas, no llegaré. Señor, entra en mi barca. Ven, y juntos haremos lo que tú me has mando hacer. Amén”.

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