LA BATALLA DE ESMIRNA (para niños)

“Y escribe al ángel de la iglesia de Esmirna; El primero y el postrero, el que estuvo muerto y vivió, dice esto…” (Apocalipsis 2:8).

Lectura: Apoc. 2:8-11.

            Niños, ¿sabéis que la iglesia está en una gran batalla? El enemigo es gigantesco, mucho más grande y más potente que nosotros. ¿Cómo vamos a vencer? En este momento se oye la voz del presentador: Señoras y señores, va a tomar lugar el conflicto del siglo, la lucha de la Sinagoga de Satanás contra la iglesia de Esmirna. Se ven los oponentes con sus espadas en la mano, en posición para comenzar: un hombre fortísimo de más de dos metros, con un niño de la clase de 4 años. El anunciador dice: “A mi derecha, fulano de tal, ¡representando la Iglesia de Satanás!”. Se oye un fuerte boooo de los espectadores. “Y, aquí, a mi derecha, el valiente luchador representando la iglesia de Esmirna”. Sube un Yeaaaa de los espectadores. La lucha comienza. Es fuerte. El oponente de la verdad lucha sin misericordia. Al niño representando la iglesia se ve muy pequeñito. Resiste los avances del enemigo, pero después de un largo combate, cae a tierra y el de la sinagoga de Satanás se pone sobre él y le clava la espada en su corazón. El árbitro acude al sitio, mira al cadáver y le pronuncia muerto. “¡¡¡El ganador es fulano, de la Sinagoga de Satanás!!!”.

“Niños”, dice la maestra, “¿os parece justa esta lucha? ¿Por qué no? Este no es el final; hay otro capítulo, porque el Señor Jesús ha dicho: “Sé fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida” (Apoc. 2:10). “Veréis”. Claro, porque tenemos un enemigo mucho más grande que nosotros. La iglesia de Esmirna tenía dos enemigos. ¿Cuáles eran? Los de la sinagoga de Satanás que hacían ver que eran creyentes, pero no lo eran.  Estos eran seres humanos malos que se meten en las iglesias para hacer daño a los creyentes. El otro enemigo es el diablo mismo que no es un hombre, sino un espíritu malo.

El Señor Jesús entiende lo que les están pasando. ¿Cómo? Porque él lo pasó aún peor. ¡Tuvo el gobierno de Israel, el Imperio Romano, y el Reino del Satanás, ¡luchando contra él solo! ¿Qué pasó? Le mataron. ¿Y qué pasó luego? Dios le resucitó. Le hizo vivir otra vez. ¿Qué dice Jesús de ello? “Yo estuve muerto, ¡y vivo!”. ¡Estoy vivo! ¡Jesús ganó! Él solito ganó contra miles y miles y miles de enemigos suyos. ¡Es el Vencedor!

El Señor Jesús les dice a los de Esmirna: “No tengas miedo. El diablo echará a algunos de vuestros amigos en la cárcel. Matará a otros. ¡Muere por mí, y te haré vivir otra vez, como yo!”  Niños, nos pueden matar, pero luego volvemos a vivir. Jesús le dice a ellos y a nosotros: “Sé fiel hasta la muerte, y te daré la corona de la vida”. La muerte no es lo terrible. Lo terrible es la segunda muerte, porque de ella ya no vuelves a vivir nunca más. Por eso tenemos que ser vencedores, como Jesús. Tenemos que ser fieles a Jesús hasta la muerte, y luego viviremos con él para siempre como sus vencedores. ¡Aleluya!

Copyright © 2026 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.