“Yo sé que mi Redentor vive, y al final se levantará sobre el polvo” (Job 19:25).
“Porque, así como el relámpago sale del oriente y resplandece hasta el occidente, así será la venida del Hijo de Hombre” (Mateo 24:27).
Lectura: Mateo 224:27-36.
La maldad ha aumentado grandemente sobre la tierra. Las imaginaciones del corazón del hombre y toda intención de los pensamientos de su corazón es sólo hacer siempre el mal. El pecado ha llegado a ser sumamente perverso.
“Dicen que los enemigos de Cristo están triunfantes y que el cristianismo es un fracaso. La iglesia contempla con dolor sus propios fallos. Pero, he aquí, del mismo corazón de la oscuridad aparece la figura majestuosa de Jesús. Su rostro es como el sol cuando resplandece con toda su fuerza, y alrededor de aquellas heridas en su sien, costado, manos y pies, aquellas heridas que dan abrigo a innumerables miles de corazones rotos, hay rayos de sanidad.
En aquella figura gloriosa se reúne toda la hermosura concebible a la imaginación del hombre. ¡Oh cristianos, secad vuestras lagrimas! No os desaniméis, “¡porque sé que mi Redentor vive!” Su venida está más cerca de lo que pensáis. ¡Oh cuán gozosa maravilla, que de repente se nos aparecerá! Sí, vengo pronto. Amen. Ven, Señor Jesús.” (Oswald Chambers).
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