DOS MANERAS DE ORAR

“Por nada estéis afanosos, antes bien, en todo, mediante oración y suplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús” (Fil. 4:6, 7 LBLA).

Lectura: Filipenses 4:4-9.

Nunca podremos exagerar la importancia de estos versículos. Así es como hemos de vivir. Cada día se presentan nuevos motivos para estar afligidas. Si el motivo de preocupación no nos toca directamente a nosotras, le toca a un amigo o conocido. Encima, hay otros motivos que nos llegan por los medios de comunicación. ¿Cómo vamos a estar tranquilas? Pues, aquí tenemos la respuesta. Hemos de orar. Pero la oración no siempre trae paz. ¿Por qué? Pues, hay dos maneras de orar. Una va algo así:

“¡Ay, Señor! Mira lo que nos pasa. ¿Cómo vamos a pagar esta factura? Este es un desastre. No vamos a llegar a finales de mes. Por favor, ayúdanos. No salimos de una cuando nos metemos en otra. Y te pido que vaya bien la operación de María y que se quede totalmente curada. Ya ha sufrido bastante. Me sabe tan mal todo lo que le pasa. Faltan profesores en la escuela dominical, por favor levanta personas con este don, siempre son los mismos los que tenemos que hacerlo todo. Y que no llueva mañana en la excursión como el año pasado…”.

La misma oración con acción de gracias, reza algo así:

“Amado Padre, gracias porque Tú siempre estás al corriente de todo lo que nos pasa. No sabemos cómo vamos a pagar esta factura, pero te damos gracias porque has suplido todas nuestras necesidades hasta el día de hoy y pedimos que proveas otra vez. Padre, gracias por María y por tus cuidados en su vida. Gracias por todo lo que has hecho en su vida por medio de todo lo que ha pasado. En cuanto a esta operación, Tú sabes lo que le conviene y confiamos en tu sabiduría. Pedimos que ella tenga tu paz, y que le des la salud necesaria para realizar tu voluntad. Gracias, Padre, que Tú estás con ella y que has prometido que esta enfermedad obrará para su bien. Padre, gracias por nuestra escuela dominical y por todos los profesores. Pedimos que levantes más y te damos las gracias de antemano. La comunión que hemos disfrutado en las excursiones ha sido tan buena. Muchísimas gracias. Si llueve mañana, pedimos que podamos pasarlo bien, aunque tengamos que quedarnos en la capilla…”.

Si nuestras oraciones están envueltas en un ámbito de adoración, llenas de acción de gracias y de confianza en el Señor, y si miramos su poder y grandeza para solucionar lo que fuese, nos levantaremos del tiempo de oración refrescadas y esperanzadas, con los ojos puestos en nuestro gran Dios, esperando sus soluciones, con su paz inundando nuestros corazones y mentes. Así es como queremos vivir.  

Padre amado, enséñame a orar de tal forma que me edifique por medio de mis propias oraciones. Gracias, querido Padre. Amén.

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