“Por tanto, si hay algún estímulo en Cristo, si hay algún consuelo de amor, si hay alguna comunión del Espíritu, si algún afecto y compasión…” (Fil. 2:1, LBLA).
Lectura: Filipenses 2:1-11.
Hermana, Jesús te ha consolado con su amor, su trato contigo ha sido con un cariño entrañable, ha sido preciosa la comunión que has disfrutado en el Espíritu, y eres muy consciente de la misericordia que Dios ha tenido de ti. Muestra lo mismo a tus hermanos. Ámalos como Cristo te ha amado. Guarda la unidad entre vosotros. Trabaja junto a ellos en armonía. No asumas ninguna responsabilidad por motivos egoístas, para llamar la atención de ti misma, o para que todo el mundo te alabe. No te creas superior, más dotada, más inteligente, o más espiritual que los demás. Cultiva la humildad. Considera al otro como más importante que tú misma. No te centres en ti misma, en ver lo que otros pueden hacer por ti, sino todo lo contrario, busca la manera de ayudarlos a ellos. Ten la misma actitud que tuvo Jesús, siendo quien era, que se olvidó de sí mismo y se dedicó a servir a otros con humildad, tomando el lugar más bajo, hasta ocupar el rango más bajo de la humanidad y ser rechazado por ella, porque el mundo malinterpreta la humildad y la confunde con la poca valía; desprecia al que no se promociona.
Pero hay Uno que sí aprecia al que se humilla y Éste se conmovió en sus entrañas viendo la hermosura de esta disposición que el mundo no valora y lo levantó de lo más bajo hasta lo más alto, y hará que todos aquellos que lo han despreciado adoren a sus pies, reconociendo a Jesucristo como Señor de todo (Ef. 2:2:1-11).
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