ORGULLO

“Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo” (Filipenses 2:3 LBLA).

“Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes” (1 Pedro 5:5).

Lectura: Filipenses 2:1-11.

El orgullo es muy difícil de detectar. Yace al fondo del edificio de nuestro ser, por debajo de los mismos fundamentos, escondido, pero apoyando todo el edificio. Lo vemos con facilidad en otros, pero pasa desapercibido en nosotras mismas. Es una actitud de superioridad, el deseo de estar por encima de otros, la propensión a despreciar a los demás. El orgullo no ama ni puede amar porque no puedes despreciar a una persona y amarla a la vez. “Abominación al Señor es todo el que es altivo de corazón” (Prov. 16:5). De todas las formas de orgullo, la peor es el orgullo religioso. “(Jesús) refirió también esta parábola a unos que confiaban en sí mismos como justos, y despreciaban a los demás” (Lucas 18:9). Somos culpables de este pecado si pensamos que conocemos mejor la Biblia que los demás, que enseñamos mejor, que estamos más organizadas, que somos más correctas, que tenemos más cultura, que somos más maduras espiritualmente y criticamos o despreciamos a los demás. Esta fue la actitud de los fariseos: “Esta multitud que no conoce la ley, maldita es” (Juan 7:49). Somos como ellos cuando pensamos que nuestra doctrina es la buena y todos los que no piensan igual están equivocados. Despreciamos a los creyentes de otras denominaciones como ignorantes o carnales. Lo que Dios más valora no es nuestra corrección doctrinal, sino un corazón compasivo. El más espiritual es el que más ama.

Una señora se levanta a hablar en público. Llega tarde, está mal preparada, conoce poco la Biblia, está desorganizada, se explica mal. ¿Cómo reaccionamos? ¿Sólo vemos esto o somos capaces de ver que tiene un corazón rebosando de amor por los desafortunados y ha montado una organización para ayudarlos y ha venido para hablar de lo que este grupo está haciendo? ¡Cómo nos traiciona el orgullo de nuestro corazón! O Señor, ten compasión de nosotros. Haz que veamos los verdaderos valores. Danos tu perspectiva y enséñanos a amar. Amén.

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