¿CANSADA DE LA BATALLA?

“Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim. E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado. Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella, y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro, así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. Y Josué deshizo a Amalec” (Éxodo 17:8-13).

Aquí tenemos un cuadro entrañable de la oración. Es un trabajo en equipo. El enemigo atacó y Josué fue a la batalla para defender a Israel. Moisés sube la colina para interceder, levantando sus brazos a Dios en súplica a favor de su pueblo, pero se cansa. No puede mantener los brazos alzados. Se le caen. Y cuando ocurre esto, Israel empieza a perder la batalla. Dios no piensa: “Pobre de Moisés, está cansado, ya ha orado, voy a darte la victoria a Israel”. Mientras dure la batalla tiene que haber oración. En el momento que dejamos de orar, el enemigo empieza a ganar. ¿Quién puede resistir esto? No hay nadie con suficientes fuerzas para garantizar la victoria por sí solo. Necesitamos ayuda. ¿Vamos a ser tan egoístas que solamente oramos por lo nuestro? ¿No vamos a sujetar las manos caídas de nuestras hermanas cuando ya no pueden más?

¿Vamos a orar solitas en nuestras casas o vamos a juntarnos con nuestras hermanas y clamar juntas al cielo para que Dios nos dé la victoria? Si no lo hacemos, el mundo va a comerse a la iglesia, miembro tras miembro. Estamos viviendo tiempos extremos. Es urgente orar. ¿Qué ha pasado con la oración comunitaria? ¿Dónde están los que sostienen las manos de los intercesores mientras los soldados del Señor están en la batalla?

Aquí tenemos una llamada a trabajar juntas, cada una en su puesto, algunas luchando, otras orando, todas colaborando para asegurar la victoria final, tanto en la batalla grande para la supervivencia de la iglesia como en la de cada miembro. Hemos de estar al lado de nuestras hermanas, saber cuáles son sus luchas y sostener sus manos para que no se fatiguen en la batalla y pierdan sus fuerzas y sufran derrota. Organicemos reuniones, busquemos oportunidades para orar las unas por las otras, sosteniendo las manos de nuestras hermanas en su lucha contra Satanás, para ver victoria, porque su victoria es la nuestra.   

Copyright © 2026 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.