EL RESPETO Y EL AMOR (1)

“Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido” (Ef. 5:33).

Lectura: Efesios 5:28-33.

Que el marido ame a su mujer y que la mujer respete a su marido; esto es lo que las Escrituras nos enseñan. ¿Cuál es la diferencia entre el amor y el respeto? ¿El hombre no tiene que respetar a su mujer? Desde luego que sí. El amor incluye el respeto. No puedes amar y despreciar a la vez. El amor eleva a la otra persona. La tiene en alta estima. La aprecia. El amor no trata a la otra persona como a un inferior, restando de su valía, no condesciende amándola como un favor inmerecido que le hace. Esto no sería amor, sino más bien orgullo y egoísmo. Cristo es nuestro modelo en este mismo contexto en su amor para la iglesia (Ef. 5:29-32). No la trata como a una esclava incompetente, sino como igual a su lado, como esposa. El amor dignifica, eleva, tiene en alta estima. El amor del marido para la mujer mira para su bien, para el desarrollo de sus dones y capacidades, nunca para su humillación, ni pretende sujetarla o anularla, todo lo contrario, para potenciarla. Este es el amor de Cristo para nosotros y debe ser el amor de nuestro marido.

Ahora vamos a mirar a la palabra “respeto”. Por supuesto el respeto no excluye el amor. La mujer ama a su marido y lo respeta. El marido ama a su mujer y la respeta. Pero la palabra principal para el hombre es que ame, porque la mujer necesita esta parte afectiva y tierna; y la palabra clave para la mujer es que respete a su marido porque el hombre necesita esta parte intelectual, esta valoración de su hombría, esta consideración influye en su capacidad de tomar decisiones para el bien de los dos. La dirección de la familia y la última responsabilidad para la misma residen con el hombre por su capacidad superior innata de no caer en el engaño del diablo y así discernir mejor la voluntad de Dios sin caer en las trampas y tentaciones del enemigo.

Es difícil discernir la voluntad de Dios para la familia. Hay caminos que parecen acertados que, en realidad, son trampas para inutilizarnos. El hombre los discierne con más facilidad (1 Tim. 2:14) y por esto la mujer es sabia, además de obediente al mandato del Dios, si respeta a su marido y le comunica el respeto necesario que lo ayudará a tomar su lugar como cabeza de familia, el que tiene que sopesar todas las opciones y discernir lo que conviene para todos los miembros de la familia que Dios ha puesto bajo su responsabilidad.

Amor con respeto y respeto con amor son las líneas directrices para el éxito de la pareja. 

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