“En todo caso, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido” (Ef. 5:33, LBLA).
Lectura: Efesios 5:28-33.
¿Qué pasa cuando el marido no me trata con respeto?
A la luz de la meditación anterior, algunas se preguntarán: ¿Qué pasa cuando mi marido no me respeta? Me quiere mandar en todo momento como si no fuese capaz de tomar ni la más mínima decisión por mí misma. Hay mujeres con maridos inconversos que las insultan y las menosprecian y las tratan como siervas. Lastiman su dignidad e intentan rebajar su valía como persona. ¿Qué tiene que hacer la mujer en este caso? Primero, seguir tratando a su marido con respeto. Esto es dado, no ganado, en obediencia al Señor. Lo respetará por al amor al Señor.
En segundo lugar, tiene que preguntarse a sí misma qué es lo que la ha llevado a casarse con un hombre como este. Puede ser que tuviera complejos de inferioridad, que su padre no la tratara con respeto y que se casara con uno parecido a él. Pues, aquí hay toda un área que necesita sanidad en su vida. Ella tiene que aprender a respetarse a sí misma. Cuando lo haya conseguido, habrá un cambio grande en su porte, el cuidado de su cuerpo, su manera de hablar, la actitud que tiene hacia sí misma y, como consecuencia, cambiará el ambiente de su casa, comunicando su valía a su marido.
Entonces, con respeto y cariño, ella pondrá las cosas en su sitio. No admitirá reproches cada dos por tres, no agachará la cabeza, no estará abierta a recibir insultos, y no dará pie al menosprecio. No permitirá que esto siga así.
Es un proceso que requiere tiempo, el poder del Espíritu Santo, y la sabiduría del Señor para saber cómo llevar el asunto; pero, al final, ella estará contenta consigo misma y feliz en el Señor y, si el marido es sabio, apreciará a esta nueva mujer que tiene, y si no, paciencia, amor y respeto hasta que el Señor haga en él lo que sólo Él puede hacer. Mientras tanto, la mujer florecerá con la hermosura de la dignidad del Señor. “Dios hermoseará a los humildes con la salvación” (Salmo 149:4) y la obra de Dios prosperará en ella.
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