LA HEMOS FASTIDIADO (2)

Toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto (Romanos 8:22).

Lectura. Rom. 8:20-23.

Ya tenemos un modelo perfectamente válido en Jesucristo. Su modelo es el servicio y el amor. No es un modelo de abuso. No es un modelo en el que matamos para nuestra propia satisfacción ni explotamos a los débiles para beneficiar a los poderosos. Jesús es el Rey Siervo. Ese es el corazón que deberíamos tener. Y, precisamente porque ese es su corazón, hay esperanza. Cuando los seres humanos deciden rechazar la explotación y ejercer una verdadera mayordomía, los lugares dañados pueden comenzar a vivir de nuevo.

Yo misma lo he visto en un proyecto relativamente pequeño aquí, en la Isla de Man, dirigido por un cristiano a través de una organización benéfica llamada Manx BirdLife. Este creyente se preocupó profundamente por la conservación de las especies de aves de la isla, porque muchas estaban disminuyendo y esto impactaba otros hábitats mundiales. Un hábitat importante, que en otro tiempo las aves habían utilizado como lugar de descanso antes de emprender viajes más largos, había sido destruido por los seres humanos. Se había convertido en un vertedero.

Así que decidieron hacer algo al respecto. Compraron el terreno, comenzaron a restaurarlo y se propusieron crear un centro educativo. Querían devolver la tierra a algo parecido a lo que había sido en otro tiempo. Y lo han conseguido. Han trabajado duramente durante décadas, y las aves están regresando. El páramo está volviendo a convertirse en un hábitat. Los lagartos están regresando. Las plantas están regresando. Los insectos están regresando. La vida está regresando a un lugar que los seres humanos habían devastado.

Supongo que esto es un anticipo de aquello de lo que habla este pasaje de Romanos. La creación gime porque ha sido sometida a la esclavitud y a la corrupción, pero también espera con esperanza la liberación, la restauración y el momento en que todas las cosas sean puestas en su debido lugar.

Romanos fue escrito dos mil años antes de que la sostenibilidad se convirtiera en una cuestión tan increíblemente politizada, aunque cuidar del mundo del que dependemos es, en mi opinión, puro sentido común. La mayordomía nos fue encomendada en el jardín, y aquí, en Romanos, se nos recuerda que la creación sufre a causa del pecado humano y espera la redención. Eso significa que no podemos limitarnos a encogernos de hombros y esperar el regreso de Jesús mientras seguimos destruyendo lo que le pertenece. Tenemos la obligación de hacer cuanto esté en nuestra mano para conservar los hábitats que nos rodean e influir en el mundo para bien. Siempre que podamos, deberíamos reciclar. Siempre que podamos, deberíamos utilizar energías renovables. Deberíamos preocuparnos por lo que consumimos, por lo que destruimos y por lo que dejamos tras nosotros. Y deberíamos enseñar a nuestros hijos a hacer lo mismo.

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