EL EGOÍSMO

“Espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo al saber de vuestro estado, pues a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros” (Filipenses 2:19, 20).

Lectura: Filipenses 2:19-24.

Pablo pudo enviar a Timoteo a los filipenses con toda tranquilidad sabiendo que se interesaría por ellos y que volvería con la información que Pablo esperaba. Parece muy sencillo, pero no lo es. ¿Cuántos hacen una visita para saber cómo están sus anfitriones? Normalmente lo hacen pensando en cómo van a ser recibidos, qué les van a dar de comer, cómo serán entretenidos, si estarán cómodos, y cómo lo van a pasar. Somos egoístas por naturaleza y solo la gracia de Dios puede convertirnos en personas que tengamos solicitud por los demás, que nos interesemos por sus problemas, sus preocupaciones y sus necesidades. ¡Qué fácil es hacer una visita y no aprender nada del verdadero estado de los que nos atienden! ¡Qué fácil es tener una conversación superficial sin tocar lo que realmente les pasa! ¿Cómo es posible pasar todo el rato hablando de la comida o de historias del pasado o contando anécdotas graciosas, sin aprender nunca cómo va su alma con el Señor o cuáles son las verdaderas oraciones de su corazón?

Padre, enséñanos a interesarnos sinceramente por los demás. Que podamos olvidarnos de nosotros mismos tan solo por unas horas para dedicarnos a saber del estado de otros, que seamos sinceros, discretos, desinteresados y estemos dispuestos a escuchar. Que podamos llevar sus cargas y animarlos en su caminar contigo. Por amor a Jesús. Amén.

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