¿DE QUÉ ESPÍRITU ERES?

“Vosotros no sabéis de qué espíritu sois” (Lu. 9:55).

Lectura: Lucas 9:51-56.

Podemos estar seguros de que, si estamos haciendo la obra de Dios cortando cabezas, como el Mío Cid Campeador, humillando a la gente, echando sus pecados en sus caras, criticándolos por detrás, anulándolos, no estamos obrando conforme al Espíritu de Jesús. “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Salmo 51:17). “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado” (Gal. 6:1). Solo con este Espíritu podemos corregir a nuestros hermanos. Si su pecado no nos ha hecho llorar, si no vemos que, con todo, son mejores que nosotros, no estamos en condición de corregirlos.

Moisés sintió la llamada de Dios a librar a su pueblo y ¡comenzó cortando cabezas! Obraba en la carne. ¡Cuántos obreros del Señor le servimos en la carne! Hasta que Dios no nos haya quebrantado a nosotros mismos en nuestro punto fuerte, no estamos en condiciones de rectificar nada ni a nadie. Más daño se hace a la obra del Señor sirviéndolo en la carne que todo lo que puede hacer el diablo por matanzas y persecuciones. Dios empezó a usar a Moisés para la liberación de su pueblo cuando llegó a ser el hombre más manso de la tierra (Números 12:3).

Dios mío, obra esta mansedumbre en mí. Pongo mi gran fuerza (Jueces 6:14) en el altar para que pueda servirte con el Espíritu de mansedumbre del Señor Jesús.

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