VICTORIA POR MEDIO DE LA ALABANZA (1)

“Entonces el Rabsaces se puso en pie y clamó a gran voz: Oíd la palabra del gran rey, el rey de Asiria. No escuches a Ezequías, porque no os podrá librar de mi mano. Y no os haga Ezequías confiar en Jehová diciendo: Ciertamente nos librará Jehová” (2 Reyes 18:28-30).
º
Lectura: 2 Reyes 18:28-35.

            Estamos en una gran batalla ahora por la supervivencia de la iglesia y el enemigo viene con una fuerza mayor que nunca. Esta historia ilustra el poder del engaño del enemigo y los principios que conducen a la victoria.

            Asiria era la potencia mundial en tiempos de Ezequías, rey de Israel. Iba conquistando país tras país hasta llegar a las puertas de Jerusalén. Su poder era el poder del engaño. Quería minar la confianza de Israel en su Dios, hacerles dudar del poder de Dios para salvarlos, ponerlos en contra de su rey, quien les había asegurado que Dios los libraría. El enemigo es audaz. Escuchadle: “Haced conmigo paz, y salid a mí, y coma cada uno de su vid y de su higuera, y beba cada uno las aguas de su pozo, hasta que yo venga y os lleve a una tierra como la vuestra, tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas, tierra de olivas, y de aceite, y de miel; y viviréis, y no moriréis” (18:31, 32). Pura mentira. Asiria era famosa por su crueldad. Prometía paz y daba la muerte, y una muerte atroz. Así es el enemigo de nuestra alma. Viene con palabras muy atractivas que nos seducen para que vayamos a su guarida.   

            Además de prometer y no dar, razona sus argumentos, para destruir la confianza en Dios: “No oigáis a Ezequías, porque os engaña cuando dice: Jehová nos librará. ¿Acaso alguno de los dioses de las naciones ha librado su tierra de la mano del rey de Asiria? ¿Dónde está el dios de Hamat y de Arfad? ¿Dónde está el dios de Sefarvaim, de Hena, y de Iva? ¿Pudieron estos librar a Samaria de mi mano? ¿Qué dios de todos los dioses de estas tierras ha librado su tierra de mi mano, para que Jehová libre de mi mano a Jerusalén?” (18:32-35). Su argumento parece lógico, pero sus premisas son falsas. Jehová no es un dios más. No es igual que los dioses de las otras naciones, porque está vivo, es real, y el Creador de todo cuanto existe. Los otros dioses no libraron a sus respectivos pueblos, porque no existen. Esta es la diferencia.

            El diablo nos viene con palabras bonitas y nos promete una vida cómoda si hacemos las paces con él. Nos dice que no luchemos contra él, que depongamos armas y nos rindamos. Y si insistimos en luchar contra él, dice que perderemos como han perdido muchos otros, que su poder es superior al de cualquier religión, y que la religión no nos puede dar nada. Quiere que nos desencante la iglesia, que nos vayamos al mundo, y que no pongamos ninguna confianza en Dios, porque nos fallará. Continuaremos con esta historia, pero, de momento, nos preguntamos: ¿Dónde está Asiria hoy? ¿Dónde está su dios? ¿Ha dado buena vida a los que se han rendido a él? Por otro lado, ¿Ha sobrevivido la fe en Dios, el Dios nuestro? Sí. ¿Por qué? Porque es real y cumple sus promesas.     

Copyright © 2026 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.