“Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16).
Lectura: Mateo 16:13-23.
Jesús ya había estado con los discípulos por más de un año y medio cuando quiso saber si ellos habían llegado a alguna conclusión acerca de su identidad auténtica. Nosotros la sabemos de entrada, pero ellos lo iban descubriendo. Jesús no se presentó como Dios, porque nadie le había creído. Se habrían ofendido y alejado de él, como si fuese o bien loco, o bien endemoniado. Este conocimiento es algo que solo viene por revelación.
Jesús introdujo el tema preguntando quien pensaban los hombres que era. Muchos le tomaban por un profeta, otros por la reencarnación de un profeta del Antiguo Testamento. Pedro contestó por todos ellos: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. El conocimiento de quien es Jesús no viene por ver sus milagros, o por un anuncio proclamándolo, sino de una revelación de parte de Dios: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre está en los cielos”.
Para un judío llegar a esta conclusión era mucho. Ellos creían que vendría el Mesías, pero que sería un hombre como David, que restauraría el reino a Israel. El ángel había anunciado su misión a José: “Él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mat. 1:21), no de los romanos. Otro ángel había revelado su identidad a María: “Será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Mateo 1:32), pero pocas personas sabían esto. Dios confirmaría su divinidad en la transfiguración: “Este es mi Hijo amado” (Mateo 17:5). Primero se lo reveló a sus corazones y después lo verían con sus ojos. Es necesario saber quién es Jesús antes de comprender la cruz.
Aquí termina la primera parte del evangelio de Mateo: la identidad de Jesús. La segunda versa sobre la cruz. Esto es lo que Jesús anunció a continuación. Pedro acertó en lo primero, pero no entendió la necesidad de la cruz. Se opuso a Jesús. El Señor tuvo que reprenderle como portavoz del diablo quien no quiere la salvación del hombre que solo puede venir por la cruz.
Si realmente deseamos conocer quién es Jesús, Pedro marca el camino: seguirle, escucharle, obedecerle y el Padre te revelará a su Hijo.
Oración: Padre, sigue revelándome a tu Hijo, porque excede la comprensión humana.
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