PARA TENER LA VIDA ETERNA

“Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?” (Lucas 10:25).

¿Qué tengo que hacer para tener la vida eterna? Esta fue la pregunta que el experto en conocimiento bíblico hizo a Jesús para ver como la contestaría. La respuesta que Jesús le dio tomó la forma de una parábola acerca de cómo un hombre ayudó a su enemigo, la historia del Buen Samaritano. Ahora, esta respuesta es asombrosa, muy diferente a la que nosotros habríamos dado si alguien nos hiciera esta pregunta. Habríamos contestado que lo que tenía que hacer era aceptar a Jesús como su Salvador. Pero Jesús no le dijo a este experto en la Palabra de Dios que tenía que creer en Él como el Mesías, o como Hijo de Dios, o como su Salvador personal, sino que tenía que ayudar a sus enemigos.

¿Cómo puede el ayudar a tus enemigos darte la vida eterna? Este experto de la Ley habría esperado que Jesús dijese: “Guarda la Ley”, tal como nosotros los evangélicos decimos: “Acepta a Jesús como tu Salvador”, pero las respuestas de Jesús nunca son superficiales. Amar a los enemigos es el cumplimiento de la Ley y solo es posible para el que realmente conoce a Jesús como su Salvador. Solo una persona que tiene el Espíritu Santo está capacitada a hacerlo. Y es la prueba final para ver si realmente es un hijo de Dios o no. Un hijo de Dios ama: 1 Juan 3:10; 3:15; 4:8; 4:17; 4:20. Ama porque tiene la naturaleza de Jesús, que es amar.

Ahora, cualquiera puede amar a los que son simpáticos para con él, esto no demuestra nada. Pero amar a una persona que te ha difamado, que te ha llevado a juicio mintiendo, que ha hecho daño a alguien a quien amas, que ha hecho imposible que trabajes en tu profesión, o ha estropeado tu vida… ¡Intenta amar a una persona así! Solo el Espíritu de Dios en ti puede capacitarte a amar a una persona que te ha tratado de esta manera. Aun la persona que realmente conoce al Señor lo encontrará difícil. Significará una lucha. ¡Su primera reacción sería todo menos amar! Pero, después de un tiempo de reflexión, se acordará de que esto es lo que tiene que hacer, y orará y se sacará su ira o su resentimiento de encima, pedirá a Dios por aquel amor práctico que se demuestra proporcionando la ayuda que el enemigo precisa.

La muestra de que realmente conocemos al Señor es que hacemos lo imposible con su ayuda.  

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