“¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío” (42:5, 11, y 43:5).
Lectura: Salmo 42:1-11.
Parece que Dios se haya olvidado de ti. Su presencia te alude, su Palabra no te dice nada, no hay ningún pensamiento en tu cabeza que te anime. No importa qué camino escojas, no se te abre ninguna puerta. Te acuerdas de días pasados y la ilusión que tenías, pero ahora no; la noche te ha envuelto. La vida te ha decepcionado. Se ha convertido en una carga. Lloras de día y de noche. A todas luces Dios te ha metido en un abismo; todas sus ondas y sus olas pasan sobre ti, y te vas hundiendo. Piensas que será por tu culpa, que Dios te ha puesto a un lado por tu pecado, o porque has tomado una decisión equivocada. Confusión y zozobra. ¿Te identificas con estos sentimientos, o piensas que esto no puede ser la experiencia de un creyente? El caso es que fue la experiencia del salmista, y que Dios no lo condena por pensar así. La describe en los salmos 42 y 43, que, de hecho, forman un solo salmo. Un ¡ay! le sale del alma. El Salmista dice: “Dirá a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí?”. Él piensa en Dios, y en el diablo, el enemigo. De Dios dice que se ha olvidado de él, y del diablo, que lo oprime. Dice: “¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?” (42:9b y 43:2b). No sabe la respuesta a ninguna de estas dos preguntas. El enemigo lo deprime preguntándole continuamente: “¿Dónde está tu Dios?” (42:3). Había tenido esperanza en Dios, pero Dios no ha hecho nada, y se ha hundido en la desolación. Parece que el enemigo le dice la verdad, que Dios lo ha abandonado.
En este estado de tanta tristeza el salmista hace dos cosas: habla con su alma, y habla con Dios. A su alma le dice: Tranquilízate y pon tu esperanza netamente en Dios y te verás alabándolo por cómo te ha librado. Sus palabras exactas son: “¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío” (42:5, 11, y 43:5). Esta frase se repite tres veces, porque está en medio de una lucha espiritual titánica y tiene que volver vez tras vez a poner su esperanza en Dios y creer que Dios mandará su ayuda, y que saldrá de esta. La esperanza en Dios es vital. En otro salmo el salmista dice: “Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes” (Salmo 27:13), y en aquel salmo también manda su corazón a esperar en Dios: “Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová” (Salmo 27:14). Nuestra parte es poner nuestra esperanza en Dios, en que Dios vendrá en nuestra ayuda.
“Invocaré a Jehová quien es digno de ser alabado, y seré salvo de mis enemigos. En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mí Dios. El oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él” (Salmo 16: 3, 6).
…/…
Copyright © 2026 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.