ENTRE IGLESIAS

“No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuando veis que aquel día se acerca” (Heb. 10:25).

Lo que aquí se escribe está especialmente pensado para ti, tú que has dejado tu iglesia y todavía no has encontrado otra. Vivimos tiempos muy difíciles; se ven cosas raras en algunas de nuestras iglesias, y cambiar de iglesia es frecuente. En muchas congregaciones se ha rebajado el listón en cuanto al comportamiento cristiano, no hay disciplina, se aceptan cosas que antes eran inadmisibles e impensables. Puede ser que hayan entrado doctrinas o prácticas que tú no crees bíblicas, o que hayas visto cosas que te hayan escandalizado y hayas decidido cambiar de iglesia. Para ti ha significado una rotura dolorosa y difícil, porque amabas a tu iglesia. Ahora estás en una especie de limbo, visitando iglesias, intentando encontrar una que te guste, una donde tú puedas usar tus dones, donde estés de acuerdo con la doctrina, una iglesia viva que esté creciendo y que no esté muy lejos de tu casa, pero esta iglesia todavía no aparece. El peligro es quedarte sin ninguna.

La Biblia habla de “piedras de tropiezo”: “Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos; ¡ay de aquel por quien vienen! Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos. Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti diciendo: me arrepiento; perdónale” (Lu. 17:1-4).  Las piedras de tropiezo sin corregir tienen el potencial de apartarte de Dios. Este es el peligro. Tienes que superarlos, o te bloquean espiritualmente. 

En los últimos tiempos “muchos tropezarán…y unos a otros se aborrecerán. Y muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mat. 24: 10-13). Tú quieres ser uno de los que perseveran hasta el fin, no uno de los que aborrecen a otros, ni siquiera a los falsos maestros, ni a los que practican maldad. No dejes que tu amor por los hermanos se enfríe. Intercede por los que enseñan cosas incorrectas, por los que viven en pecado, pero no permitas que te aparten del Señor, ni de su pueblo.

Necesitas una iglesia. El Señor tiene a sus 7,000 como en tiempos de Elías (1 Reyes 19:18). Apartado de toda iglesia, con el tiempo, te enfriarás. Esto se ha mostrado vez tras vez. Necesitas poder utilizar tus dones para ayudar a otros a crecer. Necesitas poder orar con otros, cantar con la congregación, escuchar la admonición de pastores sabios: “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta” (Heb. 13:17). Tus hijos necesitan la compañía de otros niños creyentes. Tus jóvenes necesitan amistades sanas. La iglesia te necesita a ti y tú la necesitas. Eres parte de ella. Que el Señor te dirija a la que necesitas y que sigas buscando hasta encontrarla.

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