EL CORAZÓN DEL HOMBRE

“Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias” (Mateo 15:19).

Lectura: Mateo 15:10-20

Jesús aprovechó la ocasión del debate con los escribas y fariseos sobre su ley para enseñar a la multitud acerca de lo que realmente contamina al hombre. No es comer sin haber lavado las manos, sino nuestro propio corazón.

La fuente de contaminación la tenemos dentro: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias”. Jesús les cita la misma Palabra de Dios, no la tradición de los ancianos que ellos habían citado. Esta es la condición del hombre: está contaminado desde dentro. No es algo que viene del mundo de fuera. Los fariseos eran meticulosos en evitar la contaminación exterior, en no asociarse con los que ellos consideraban pecadores. Esquivaban a leprosos y a enfermos, como la mujer con el flujo de sangre; a marginados de la sociedad, como los publicanos, y, las prostitutas, para no contaminarse; pero a sí mismos no se consideraban pecadores. Por esto la palabra de Jesús al citar la profecía de Isaías les ofendió, porque los identificó como hipócritas. Eran actores haciendo ver que conocían a Dios.

Si la contaminación viene desde dentro, nada de limpieza externo, o separación de gente inmundo, u obediencia a normas, o ritos humanos, o sistemas de sacrificios de animales, o buenas obras, o prácticas religiosas puede purificar al hombre. Necesita una limpieza interna. Lo que realmente necesita es un nuevo corazón. Los profetas habían hablado de ello: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne” (Ez. 36:26). Jesús había venido para atender a esta necesidad vital del hombre. Solo su salvación puede limpiarnos por dentro y darnos un nuevo corazón. Los conflictos de Jesús con la religión oficial de los escribas y fariseos culminarían con el único sacrificio que puede limpiar el interior del hombre.  

Reflexión: No hay ninguna religión que pueda limpiar el corazón del hombre. Todas consisten en obras externas. Solo la sangre de Jesús aplicado por el Espíritu Santo pueda llegar a la fuente de nuestro mal que está en el corazón del hombre.  

Copyright © 2026 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.