“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27).
Lectura: Génesis 1:16-31.
Como cristianos rechazamos toda violencia de género, tanto la violencia perpetrada contra una mujer, como la violencia que sufre un hombre. Creemos en la igualdad de valor de los dos sexos, la capacidad de los dos para sentir dolor, y la misma justicia para los dos. No creemos en la discriminación contra nadie ni por su religión, su nacionalidad, su raza, o su estatus social. Y creemos que los dos tienen la misma dignidad y que deben tener los mismos derechos de defenderse legalmente cuando sufren violencia. Los dos deben ser escuchados y se les debe conceder la oportunidad para presentar su caso y defenderse. También creemos que el juez que escuche su caso debe ser imparcial sin tener el veredicto predeterminado por motivos políticamente correctos.
¿Por qué decimos esto? Porque vivimos en un mundo en que hay millones de personas vulnerables debido a sus convicciones religiosas, y su sexo. Hemos visto una gran contradicción entre dos conceptos en la mentalidad prevalente en nuestra sociedad: Por un lado, se cree que la mujer representa el sexo más débil y necesita ser protegida, mientras que, por otro lado, se cree que no hay ninguna diferencia entre hombre y mujer, que cualquier trabajo que puede desempeñar un hombre lo puede realizar también la mujer. Por ejemplo, una mujer puede ocupar cualquier puesto en el ejército que ocupa el hombre. Se piensa que en un combate real la mujer puede correr con una metralleta que pesa 50 kilos al igual que un hombre, y que, si un hombre es herido en la batalla, una mujer puede llevarlo a seguridad igual que un hombre.
Los hechos muestran que esto no es cierto, pero la ideología prevalece sobre los hechos. Así que, en casos de violencia de género, la mujer es más débil, pero en el ejército, no. Una mujer puede vestirse de hombre, puede blasfemar como un hombre, puede ir a la guerra como un hombre, pero si un hombre le hace daño es un crimen, mientras que, cuando ella le hace daño al hombre, no lo es. Se dice que todos tenemos los mismos derechos, pero si un hombre pega a una mujer, el resultado del juicio está determinado antes de que empiece. Hoy día la mujer tiene más privilegios y más derechos que el hombre, pero ¡claro, no hay ninguna diferencia entre un hombre y una mujer!
El cristiano está en una posición muy precaria por sus convicciones en cuanto a las cuestiones de género, porque no es tratado con el mismo respeto que dan a otros en cuanto a sus ideologías. La que escribe, ni es machista, ni feminista, ni tiene prejuicios contra el hombre, ni contra la mujer. Cree en la misma justicia para ambos. La Biblia enseña que los dos son hechos a la imagen de Dios, los dos son valiosos, y los dos un día tendrán que presentarse delante del Juez justo para rendir cuentas por todo lo que han hecho en la vida, sin parcialidad hacia nadie debido a su raza, religión, o ideología. Con Él hay perfecta justicia.
Copyright © 2026 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.