PARA COMPRENDER LAS ESCRITURAS

“Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras” (Lucas 24:45).

Lectura: Lucas 24:44-49.

            El Señor abrió la mente de estos discípulos para que comprendiesen las Escrituras. Si esto no ocurre, nunca podemos entenderlas, porque las Escrituras no son como un libro en el cual lo que lees es lo que el autor quiso decir. Las Escrituras, más que lo que Dios dijo, son una puerta que se abre para revelar a Dios mismo, el mundo invisible, el corazón del hombre, a Jesús, los propósitos eternos de Dios, la vida de fe y la realidad espiritual. Las palabras saltan de la página para llevarnos muy lejos de la escena inmediata para revelar realidades espirituales. Tienen vida propia, no sujeta a nuestra imaginación, sino a la mente de Dios.

            Sin el ministerio del Espíritu Santo, nadie puede entender las Escrituras. Es por eso que los Testigos de Jehová pueden leerlas sin parar y nunca ver a Jesús tal como es. Es por eso que algunos ministros van al seminario bíblico y salen sin haberse convertido. Y es por eso que nosotros podemos leerlas y crecer en conocimiento, y todavía tener corazones de piedra, incapaces de amar.

            Dos cosan hacen falta para entender las Escrituras: Dios tiene que abrir nuestro entendimiento, y el Espíritu Santo tiene que revelar la verdad.

            Se enseñan muchas normas que debemos emplear para entender e interpretar las Escrituras, pero Dios no se sujeta a normas humanas. Puede decir lo que quiere por medio de su Palabra. Por ejemplo, puede decir que la vara de Aarón que brotó significa que Jesús va a venir del tronco de Isaí, morir y ser resucitado. Por eso la vara de Aarón fue tan importante que se guardó dentro del arca del pacto. Podríamos justificar este razonamiento, pero no viene a cuentas con nuestro propósito inmediato, el cual es explicar que la Biblia solo se puede entender por la vía de la revelación. Vas a muchas iglesias y encuentras que predican lo que la Biblia dice, cosa que está muy bien para empezar, pero nunca proceden más adelante, para revelar a Dios mismo, o nuestro propio corazón, de modo que sales del culto informado, pero no transformado.

            La meta de abrir las Escrituras es transmitir vida. La voz de Dios crea lo que no existía antes, nos empodera y nos renueva. Esto es lo que necesitamos, que nos llegue la voz de Dios.

Voz de Dios sobre las aguas; truena el Dios de gloria. Voz de Jehová con potencia; voz de Dios con gloria. Voz de Jehová que quebranta los cedros; quebrantó Jehová los cedros del Líbano. Voz de Jehová que derrama llamas de fuego; voz de Jehová que hace temblar el desierto. Voz de Jehová que desgaja las encinas, y desnuda los bosques; en su templo todo proclama su gloria” (Salmo 29:3-9). Amén. Háblanos, Señor, te pedimos.

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