CUANDO TODO ESTÁ PERDIDO (3)

“En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles. Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan. Y viendo que esto había agradado a los judíos, procedió a prender también a Pedro” (Hechos 12:1-3).

Lectura: Hechos 12:6-10.

            Herodes había matado a Jacobo y tenía a Pedro preso para matarlo el día siguiente. Era de noche. Tenía planeado ejecutarlo el día siguiente. “Estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardias delante de la puerta custodiaban la cárcel” (12:6). Era imposible que se escapase, no obstante, la iglesia “hacía sin cesar oración a Dios por él” (12:5). Todos conocemos la historia. Un ángel del Señor lo despertó y las cadenas se le cayeron de las manos. Pedro y el ángel pasaron la primera y la segunda guardia desapercibidos, y cuando llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad se les abrió por sí misma y Pedro se encontraba en la calle. Libre. A Dios no le costó nada hacer lo imposible.     

            Este es el Dios en quien creemos. Algunos dirán: “Sí, es cómo actuaba en aquellos tiempos, pero ahora no hace estas cosas”. No es el Dios de aquellos tiempos, ¡es más antiguo!; es el Dios de Abraham, el que levanta muertos y llama las cosas que no son, como si fuesen (Rom. 4:17). Él puede dejar que maten a Jacobo y librar a Pedro, si es su voluntad. Las cadenas no lo atan; Dios está libre. Jesús reina y determina lo que pasará en este mundo, y reinará hasta que todos sus enemigos estén puestos por estrado de sus pies (I Cor. 15:24, 25). El Dios de Jesús es el Dios de Abraham, el que levanta a los muertos y crea cosas que ya no existen, pero las ve ahora como realidad.

            Jesús tuvo por creyentes a personas que son de la fe y de las obras de Abraham. La mujer que tocó el borde de su manto y fue sanada era de la fe de Abraham“Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?” (Lu. 13:16). Les dijo a los fariseos: “Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais” (Juan 8:39). “Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham. La Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham (Gal. 3:6- 9). Un creyente, por lo tanto, es alguien que cree en el Dios de Abraham, un Dios de milagros, y lo obedece, a gran coste personal. Se ve en esta persona un parecido familiar a su padre Abraham.    

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