CUANDO TODO ESTÁ PERDIDO (2)

“Y cuando Faraón se hubo acercado, los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí que los egipcios venían tras ellos: por lo que los hijos de Israel temieron en gran manera, y clamaron a Jehová. Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que no has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto?” (Ex. 14:10, 11).

Lectura: Éxodo 14:12-22.

            Cuando está todo perdido y ya no hay nada que hacer, Dios actúa. Este es el Dios que tenemos. No hay ningún versículo en la Biblia que diga que Dios haya cambiado y ya no intervenga para salvar a su pueblo, ni que tengamos que resignarnos a la derrota.

El ejemplo del éxodo permanece por todos los tiempos como el ejemplo más dramático de la salvación de Dios. Era imposible que Israel saliese de Egipto. La economía del país dependía de ellos. Faraón tenía un corazón de hierro. Estaba resoluto en que no iban a salir. Los israelitas estaban resignados a una vida de servidumbre y no ofrecían ninguna resistencia. Con cada encontronazo entre Moisés y Faraón, la resistencia de este a la voz de Dios se afirmó aún más. Si antes era improbable que dejase salir a los israelitas, ahora era totalmente imposible. Fue entonces cuando Dios los sacó. Nadie resiste a Dios y sale ganando. Cuando ya habían salido, y Faraón quiso recuperarlos, Dios intervino con su broche de oro y acabó con ellos para siempre: “Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y cuando amanecía, el mar se volvió en toda tu fuerza, los egipcios al huir se encontraban con el mar; y Jehová derribó a los egipcios en medio del mar. Y volvieron las aguas, cubrieron los carros y la caballería, y todo el ejército de Faraón… no quedó de ellos ni uno” (Ex. 14: 27, 28).

Cuando Dios pretende hacer algo, las cosas se van complicando. La resistencia del diablo es cada vez más fuerte. Incluso cuando parece que Dios ha ganado, el diablo sale con un coletazo que a todas luces deja a Dios en derrota, pero Dios no ha terminado. Aprovecha el último mover del enemigo para acabar de destruirlo. La cuestión es: ¿hasta dónde va a permanecer nuestra fe?

Mas ejemplos:

  • Cuando Jerusalén cayó y la gente salió a la cautividad y parecía que la nación había dejado de existir, vino la voz profética: “Porque así dijo Jehová: Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar. Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis” (Jer. 29:10, 11). Y así fue. Israel volvió sano y purificado de la cautividad.
  • Cuando Daniel estaba dentro de la cueva de los leones, parecía que ya no había nada que hacer: “Y acercándose al foso llamó a voces a Daniel con voz triste, y le dijo: Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, ¿te ha podido librar de los leones? Entonces Daniel respondió al rey: Oh rey, vive para siempre. Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones” (Daniel 6:20-22).
  • Cuando las cartas estaban firmadas y enviadas a todas las provincias de Persia decretando la exterminación de todos los judíos y la horca estaba construida para la muerte de Mardoqueo: “Aquella misma noche se le fue el sueño al rey” (Ester 6:1), y el resto es historia. Aquella noche sin sueño cambió la historia del mundo y determinó la supervivencia de Israel para que el Mesías pudiese nacer de la línea Abraham tal como Dios había prometido. Dios nunca se queda sin recursos.  

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