HOY ES SÁBADO

“… y era ya de noche” (Juan 13:30).

Lectura: Juan 19:38-42.

            Hoy es sábado. No en el calendario, sino en el mundo espiritual. Es el día que murió la esperanza. Jesús está en la tumba. No hay ninguna posibilidad de que los discípulos vayan al sepulcro para robar el cuerpo. Jamás se les pasó por la mente hacerlo, porque se habían olvidado de que les había hablado acerca de su resurrección. Estaban en un estado de duelo y shock. No había nada que hacer. Tomás abandonó al grupo, amargado. Pedro decidió volver a la pesca. Las mujeres querían poner especias en el cuerpo, y ni siquiera se dieron cuenta de que era imposible porque había una enorme piedra delante de la entrada y, además, estaba sellada. El miedo unificó a la mayoría de ellos. Estaban refugiados en una habitación cerrada con llave por miedo a ser asesinados por los judíos. Absolutamente nadie decidió ir a la tumba para esperar que Jesús saliese. La primera en llegar estaba tan segura de que estaba muerto que ni siquiera lo reconoció cuando lo vio.

            Es sábado aquí. Nos ha pasado algo que no se puede remediar. No tiene solución. Es algo terrible, injusto, insoportable, doloroso, triste y debilitante que deja postrado de impotencia. Después de clamar a Dios con fe hay un cambio abrupto en el ambiente. Tengo un limonero que se ve muerto. Todas las hojas se han secado. No obstante, le mando en el nombre de Jesús que produzca limones, y lo hará, estoy segura. Jesús maldijo la higuera y se secó. Si puede secar, también puede dar vida, ¡y es más natural para Él que lo haga! Dijo: “De cierto os digo, que, si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho. Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiereis” (Mat. 21:21, 22).

            Mañana es el Día de la Resurrección. Dios hará un milagro. Él nunca abandona a una persona ni la deja sin esperanza. Estoy esperando para ver lo que Él hará. Después de la noche viene la mañana. Hoy es sábado, pero mañana es domingo de resurrección.

            Lo anterior lo escribí la noche que descendió el infierno sobre nosotros y me levanté en medio de la noche para orar. Esto es cómo el Señor me ministró: Me dijo tres palabras: “Hoy es sábado”. En realidad, era miércoles, pero sabía lo que me quería decir.  Era la noche del alma. Lo peor que podría pasar, pasó. Pero todavía tenemos a Dios. Él no ha muerto. Jesús está vivo y reina. ¿Qué vamos a hacer? ¿Rendirnos a la desesperación? ¿Creer que Dios ha fallado? ¡De ninguna manera! Vamos a poner nuestra esperanza en el Dios de Abraham que “da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen” (Rom. 4:17). Allí es donde entra la fe. Con un toque vivificador del Espíritu Santo ponemos nuestra fe en el Dios que sacó a Jesús de la muerte, y esperaremos a la puerta de la tumba, con fe, hasta que Dios envíe un terremoto y quite la piedra, y salga vivo el fruto de lo que solo Dios puede hacer.

Copyright © 2026 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.