“Habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos” (Hechos 1:9).
Lectura: Hechos 1:7-11.
Continuamos con nuestra pregunta: ¿Qué le pasó al Señor en la esfera espiritual después de la ascensión?
Con la victoriosa ascensión del Señor Jesús al trono de Dios, Satanás fue arrojado del cielo, porque ya no hay lugar para él en el cielo. Dios no está dispuesto a escuchar sus acusaciones en contra de nosotros delante de su trono, porque Cristo nos ha justificado: “Fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él. Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche” (Apoc. 12:9, 10). Esto se ha acabado, pero la actividad de Satanás en la tierra se ha intensificado.
“Y cuando vio el dragón que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer” (Apoc. 12:13), que es la Iglesia. Hay guerra espiritual aquí en la tierra (Ef. 6:12). Esta guerra contra la Iglesia viene de dos fuentes: de los gobiernos de este mundo, y de la ideología y las falsas religiones (incluyendo el falso evangelio), de este mundo (Apoc. 13). Viene con la intención de destruir la Iglesia. Puede usar armas materiales o filosofías, la intención es la misma, y el creyente que no se da cuenta de ellas vivirá desconcertado. A todas luces parece que la Iglesia se viene abajo, pero Cristo ganará. La victoria que Él ganó en la cruz (Col. 2:15) dará su fruto: perdonó todos los pecados, “anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Col 2:13-15).
Su victoria será evidente en la final destrucción del diablo con el descenso de Jesús del cielo acompañado por sus innumerables huestes celestiales, su inconquistable y victorioso ejército celestial, que descenderá con gran gloria y poder, y los muertos en Cristo resucitarán y el Señor Jesús entregará el reino al Padre con todos sus enemigos ya puestos por estrado de sus pies (Salmo 2). Aleluya, porque el Señor Dios Omnipotente reina.
Todo esto es la continuación y consecuencia de la ascensión de nuestro glorioso Salvador: “Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1:10, 11). “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras” (I Tes. 4: 16-18). Amén.
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