“… Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen” (Romanos 4: 17.
Lectura: Rom. 4: 16-21.
En nuestro caso embarcamos en una vida de fe creyendo que Dios va a crear a cosas que ya no existen, como unidad en tu iglesia, o cambios en la vida de un ser querido, o dinero para un proyecto, o ayuda para que un matrimonio funcione, o que te cambiará a ti y te librará de cosas muy propias tuyas que no corresponden a un hijo de Dios. Puede ser que seas histérica, enfadosa, celosa, murmuradora, quejica o mandona. Lo que sea. Mueres con Cristo y, por la fe resucitas a una nueva vida sin este estorbo de tu vieja vida.
Esta vida de fe es una cosa maravillosa. Una amiga te viene con un problema y oras y reclamas promesas de la Biblia y crees que Dios va a resolver el problema, y estás tranquila y puedes llevarle al descanso en Dios. Esta es la vida de fe. No es solo pedir a Dios, es recibir de Dios (1 Juan 5:15). Cada problema es una invitación a la oración para recibir una palabra, un versículo de la Biblia, en la cual depositar tu fe con la certeza de que Dios la cumplirá. Podrás orar y recibir la convicción de que Dios obrará lo que no parecía posible.
Abraham recibió semejante promesa de parte de Dios, la creyó y le fue contado por justicia. A Dios le complace nuestra fe. Parece que le emociona ver que una persona realmente confía en Él: “Por mí mismo he jurado, dice Jehová, por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar, …” (Gen. 2216, 17). Jesús recibió la promesa de que iba a resucitar a Lázaro de entre los muertos. Juntando la información que tenemos en Juan 11, se ve que Jesús supo que Lázaro estaba enfermo, oró, y el Padre le dijo que fuese a resucitarlo, por lo que dijo a los discípulos, y por lo que oró delante de la tumba. No pidió nada. Solo dio gracias, porque ya había orado y ya había recibido la respuesta. Por lo tanto, oró: “Padre, gracias te doy por haberme oído” (Juan 11:41). Esta es la vida de fe que Jesús ejemplificó como el Pionero de la nuestra (Heb. 12:2).
En el ejemplo de Abraham, notamos una cosa más. Pablo cita la promesa que Dios dio a Abraham: “Dios habló con él, diciendo: He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes” (Gen. 17:3, 4). Dios habló con Abraham. Nuestro Dios es el Dios de Abraham. El mismo. Dios habla. Su vida de fe se basó en creer lo que Dios le dijo. La nuestra también. ¿Cuáles son las promesas que Dios te ha dado a ti de su Palabra? Tu vida de fe consistirá en creer que Dios las cumplirá para ti. Será toda una aventura ver cómo lo hace. La vida de fe es tan difícil como lo es de emocionante. Creemos en un Dios que levanta muertos y llama las cosas a la existencia. Con Él todo es posible.
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