“… y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne… de modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:15-17).
Lectura: 2 Cor. 5:14-19.
“Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación” (5:19). Dios nos reconcilió consigo mismo por medio de la muerte de Cristo en la cruz. Jesús pagó el precio por nuestro pecado para que Dios pueda pasarlos por alto, no tomarlos en cuenta, y relacionarse con nosotros en Cristo, sin el estorbo de los pecados. Él nos ve como nuevas personas en Cristo, sin pecado.
Esta fue la parte que correspondió a Dios. La nuestra es continuar con lo que Él empezó en el Calvario y hacer llegar el Evangelio a la gente: “nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación”. Así que nosotros predicamos el Evangelio, la gente cree y es reconciliada con Dios, y ¡nosotros tampoco les tomamos en cuenta a los hombres sus pecados! En lugar de fijarnos en los fallos de carácter que todavía no han cambiado, nos fijamos en la parte nueva de los creyentes. Todos somos una obra en progreso, y así es cómo nosotros también queremos ser considerados.
Los que se han convertido son nuevas criaturas en Cristo, de manera que ya no los conocemos según la carne, sino según la nueva persona que son en Cristo. Nos relacionamos con ellos en Cristo. No sostenemos una relación carnal con ellos, sino una relación espiritual. Si en la carne eran personas complicadas, ahora no tropezamos con esta parte de su carácter, sino que nos relacionamos como nuevas criaturas, y conectamos con la parte transformada que tienen. No usamos los restos de la vieja naturaleza suya como piedra de tropiezo y motivo para esquivarlos. Si no hay nada de Cristo en ellos, a ver si son convertidos, pero si lo han sido de verdad, tendrán lo nuevo y con esto nos relacionamos. “De aquí en adelante a nadie conocemos según la carne”.
Padre, gracias te damos porque Tú no nos conoces según la carne. Gracias porque no tomas en cuenta nuestros pecados. Te pedimos que nos ayudes a seguir tu ejemplo en nuestras relaciones con la gente. Gracias porque nos has reconciliado contigo mismo en Cristo, y te pedimos que podamos seguir fielmente con el mismo ministerio de reconciliación que nos has encargado a nosotros. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
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