“Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido” (Ef. 4:17).
Lectura: Ef. 4:18-20.
Este pasaje es brillante describiendo la problemática del inconverso, cómo se soluciona, y su vida nueva en Cristo. Vamos por partes:
Su problemática:
Su mente no funciona correctamente: “Los que no conocen a Dios están irremediablemente confundidos. Tienen la mente llena de oscuridad… cerraron la mente y endurecieron el corazón hacia Dios” (Ef. 4:17, 18, NTV). El resultado es que “viven para los placeres sensuales y practican con gusto toda clase de impureza” (4:19). ¿Cómo, pues, vamos a alcanzarlos con el evangelio si su mente está entenebrecida? El mismo texto lo contesta: “La luz hace todo visible” (5:14). Necesitan luz para ver la verdad del evangelio. ¿De dónde va a venir?
La solución:
Nosotros tenemos que ayudarlos. Hemos de levantarlos de la muerte. Decimos: “Despiértate tú que duermes, levántate de los muertos, y Cristo te dará luz” (4:14). Jesús dijo a sus discípulos que Lázaro estaba durmiendo y que Él iba para despertarlo. Ellos dijeron que se despertaría por su cuenta. Entonces Jesús dijo claramente que Lázaro estaba muerto. Así que Jesús fue a su tumba, quitaron la piedra, y se paró fuera y llamó a Lázaro: “¡Lázaro, ven fuera!” (Juan 11:43). Y Lázaro salió de la oscuridad a la luz. Pues, el Señor nos ha delegado autoridad para hacer las obras que Él hacía (Juan 14:12). Por lo tanto, por medio de la oración, bajo la autoridad de Jesús, mandamos: “Fulano, ven fuera” y Dios hace la parte que solo Él puede hacer. La persona sale a la luz, y Cristo le alumbra la mente. Esto es lo que dice el texto: “Despiértate tú que duermes, levántate de los muertos, y Cristo te dará luz”. El Señor le da nueva vida, alumbra su mente y él cree el evangelio y es salvo.
Su nueva vida:
La persona que es salva recibe el Espíritu Santo: “Sean llenos del Espíritu Santo” (5:18). Es más que tener el Espíritu Santo, es estar lleno de Él y, con su poder, comportarse de la siguiente manera: “Sean amables unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como Dios los ha perdonado a ustedes por medio de Cristo, Por lo tanto, imiten a Dios en todo lo que hagan, porque ustedes son sus hijos queridos. Vivan una vida llena de amor, siguiendo el ejemplo de Cristo” (Ef. 4:32-5:2). Así es cómo la transformación toma lugar. Ahora es luz en el Señor. Este texto: “Despiértate tú que duermes, levántate de los muertos, y Cristo te dará luz” (4:14) es clave. Fue lo que predicaron y oraron durante el gran avivamiento en Escocia en el siglo XIX y miles vinieron a Cristo. Para que una persona venga a Cristo hacen falta varios milagros, y nosotros tenemos nuestra parte en la oración y la predicación del Evangelio, porque Dios ha querido nuestra participación. Es posible porque el Señor Jesús nos ha dado potestad para que actuemos bajo su autoridad, como discípulos suyos, para que la gente sea salva.
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