“¿Qué hemos de beber? (Éxodo 15:24).
Lectura: Éxodo 15:22-17.
¿Cuál es la primera pregunta que hacen los niños cuando salís de viaje? Sí, es esta: “¿Cuándo vamos a llegar?” No habéis estado en el coche ni un cuarto de hora y ya empiezan a preguntarlo. Sin embargo, cuando los israelitas salieron de Egipto para la Tierra Prometida esta no fue la primera pregunta que hicieron, ni la segunda. Preguntaron: “¿Qué hemos de beber?”. La pregunta, ¿cuándo vamos a llegar?, tiene que ver con la paciencia, pero Dios no estaba probando su paciencia, sino su confianza en Él. ¿Tenían confianza en Dios para suplir todo lo que les hacía falta en el desierto, agua y comida? ¿Tenían confianza en que Él los salvaría de todos sus enemigos? Se ve que no, porque esta fue la prueba que suspendieron delante de los gigantes de Canaán que tuvieron que vencer para poder entrar a vivir en ella. Por eso tuvieron que pasar 40 años en el desierto, y no entró esta generación, sino la siguiente.
Pocos cristianos están haciendo la pregunta: ¿Cuándo vamos a llegar a la Tierra Prometida? Muchos están preocupados por lo que van a comer y beber mientras tanto. Y preguntan cómo pueden volver a Egipto, porque preferían la comida de allí más que la del desierto. Otros preguntan: ¿Hasta qué punto puedo acercarme a Egipto sin pecar? Otra buena pregunta que no hicieron es: ¿Qué puedo hacer mientras cruzo el desierto? La respuesta sería: “Adorar”. “Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles a fin de que anduviesen de día y de noche. Nunca se apartó de delante del pueblo” (Éxodo 13: 21, 22). Fija tus ojos en la columna de nube y la columna de fuego y sigue adorándolo hasta llegar a la Tierra Prometida, porque nunca te faltó nada que necesitaras en todo el camino.
Para entrar en la Tierra Prometida Celestial hemos de cruzar el Jordán, símbolo de la muerte. Los hay que temen que Dios no abrirá las aguas del río como abrió las del Mar Rojo. Sus ojos humanos no ven las riquezas de la vida venidera. Su enfoque más bien está en sobrevivir, así que se agarran a esta vida siempre que pueden. No tienen ganas de llegar, porque no ven lo que está justo al otro lado. Pero de la misma forma que tenemos que confiar en Dios para todo lo que necesitamos para atravesar el desierto, hemos de confiar en Él en este último cruce: que Dios nos separará las aguas para hacernos un camino para llegar al otro lado con bien para entrar en las riquezas de nuestra herencia en Cristo. Así que una vez más ponemos nuestra mano en la mano de Dios para este último cruce, con la fe en que Él que nos ha cuidado a lo largo del trayecto de la vida, nos cuidará en el último tramo y nos asegurará una entrada segura en la Tierra que ha designado para nosotros: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Cor. 2:9). Si las conociésemos, estaríamos preguntando todos los días: “¿Cuándo vamos a llegar?”.
[1] Adaptado de un escrito de Becky Cretney
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