“Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo?” (Salmo 15:1).
Lectura: Salmo 15:3, 4.
Este conocido salmo está diciendo que las personas que viven en la presencia de Dios ahora son las que tratan bien a sus vecinos, amigos y a otros creyentes. Son “los que no se prestan al chisme ni le hacen daño a su vecino, ni hablan mal de sus amigos. Los que… honran a quienes siguen fielmente al Señor” (15:3, 4. NTV). En otras palabras, los que permanecen cerca de Dios y viven en comunión con el Señor son los que no hacen daño a los que tienen al lado, o bien físicamente, o bien espiritualmente. ¿Por qué señala el salmo precisamente a estos, a aquellos con quienes conviven estos creyentes? Porque normalmente no surgen nuestras dificultades con los que viven al otro lado del mundo, sino con los que tenemos en casa. Si pensamos que somos espirituales, pero no nos llevamos bien con los que tratamos diariamente, algo anda mal con nuestra espiritualidad, y esto afecta nuestra relación con el Señor. Si no tenemos comunión con los creyentes en nuestra vida, o si discutimos con el vecino de al lado, o si no podemos mantener nuestras amistades, tampoco convivimos con Dios. No podemos estar en buena relación con Dios si no lo estamos con los que nos rodean. Los que viven cerca del Señor no calumnian, ni hacen mal a otros. Han aprendido a no dar mala fama a nadie, ni incluso si la otra persona lo merece, ni si esta persona les ha hecho mucho daño. Es tan fácil dañar la reputación de otros que tenemos que hacer un gran esfuerzo para evitarlo. Es necesario controlar nuestra lengua y nuestras relaciones.
En la práctica, ¿qué significa vivir en el santo monte de Dios? ¿Por qué lo deseamos? En el santo monte estaba el templo de Dios, donde estaba la presencia de Dios en el Antiguo Testamento. Estar en su santo monte iguala a vivir en su presencia, y esto significa tener acceso a Dios. Conlleva tener su oído, significa que Él tendrá comunión con nosotros, que nos hablará en nuestro tiempo devocional, por medio de canciones y sermones, y que va a intervenir en nuestras luchas. Notaremos su ayuda, tendremos su poder para vivir correctamente, experimentaremos su consuelo, nos dirigirá en nuestras decisiones, nos guardará del mal, nos advertirá cuando estamos a punto de caer en pecado, y oiremos su consejo y tendremos su paz. Es mucho más que creer en Dios; es tenerlo accesible. Y esto es lo que deseamos, que la relación con Dios funcione. Para ello, la relación con nuestros próximos tiene que funcionar. Dios no quiere comunión con las personas que no tienen comunión los unos con los otros.
Querido Señor, no estoy muy segura de todo lo que esto implica en la práctica, pero sí que sé que quiero habitar en tu tabernáculo y morar en tu santo monte, así que te pido que me perdones por las veces en que no he cumplido con estos requisitos. Te doy las gracias por Jesús que lo hizo por mí, y pido que tú sigas transformándome en una persona que cumpla lo que tú estipulas con los que tengo cerca para que pueda disfrutar de todos los beneficios de estar en tu presencia. Señor, reconozco que a veces me cuesta mucho, y te pido que me ayudes en mis esfuerzos. No quiero hacer daño a nadie, ni dañar la reputación de los que tengo cerca, y quiero honrar a los que siguen fielmente al Señor. Ayúdame a proteger su reputación y hacerles bien siempre. Amén.
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