NUESTRAS PÉRDIDAS

    

“Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna” (Marcos 10:29, 30).
 
Lectura: Marcos 10:28-31.
 
            El Señor es muy consciente de nuestras pérdidas. En este texto Pedro está recordando lo que le costó a él y a los demás discípulos seguir a Jesús. Mirando la respuesta de Jesús nos damos cuenta de que el Señor agradece los sacrificios que hemos hecho por amor a Él y el evangelio. Lo interesante es que la recompensa no solo es en el siglo venidero, como pensaríamos. El Señor no es “súper espiritual”; es práctico. Si has dejado familia, necesitas otra. Si has dejado tu casa, necesitas otra casa. Si has dejado a tus hijos, necesitas hijos para amar. Claro, no los vas a engendrar literalmente, pero igual vas a parirlos espiritualmente con mucho dolor del alma. Tendremos una recompensa en el Cielo por lo que hemos sacrificado materialmente para seguir a Jesús, pero es reconfortante saber que el Señor nos va a recompensar también en esta vida.
 
            El Señor Jesús iba a dejar a su madre por amor al evangelio, ¡nunca mejor dicho! Estaba muriendo en la cruz para que hubiese evangelio, cuando miró a su madre. “Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre; Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa” (Juan 19:25-27), Es interesante que Jesús no mirase a su madre para decirle, “Mamá, ya me voy, pero Dios estará contigo, Él llenará el hueco que dejo yo. Sigue confiando en Él y Él te será todo lo que necesitas. El que tiene a Dios no necesita nada más”. No, no dijo esto. Jesús iba a dejar un hueco muy grande en la vida de María. Ella tenía otros hijos, pero ellos no podían llenar el hueco de Jesús, porque tenían que llenar cada uno su propio hueco. Ella necesitaba otro hijo para reemplazar a Jesús, y Jesús se lo dio. Le dio a Juan, el más cariñoso de los discípulos y su mejor amigo.
 
            Una amiga ha perdido a su marido. Él ha dejado un hueco muy grande en su vida. Ya es mayor y necesita a alguien que pueda mirar por ella. Claro, tiene al Señor. Ya hace muchos años que lo tiene, pero el Señor ya está llenando su propio hueco. Necesita a otro para llenar el hueco que el marido ha dejado para comunicar y compartir con ella, para estar por ella, ayudarla en sus asuntos prácticos, y cuidar de ella espiritualmente. Y Dios ha provisto esto para ella en la persona de uno de sus hijos que tiene dones pastorales y está muy pendiente de ella. El Señor, también lo está.
 
            “Los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien” (Salmo 34:10).

   

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