“Has abierto mis oídos” (Salmo 40:6). “Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen” (Mateo 11:5).
Lectura: Is. 35:4-6.
El Señor Jesús dijo: “Mis ovejas oyen mi voz” (Juan 10:27). Los ortodoxos muertos no necesitan oír la voz de Dios porque tienen las Escrituras, igual que los fariseos. Claro que hay abusos con personas que predican que “Dios les ha dicho”, cuando no es cierto. Se nota que Dios no lo ha dicho porque no concuerda con las Escrituras. Pero los abusos no quitan la realidad de que Dios nos habla. Jesús tuvo una relación fluida con Dios en la que Él le iba hablando a lo largo del día, y Él es nuestro modelo. Una señora relata un incidente en el que ella escuchó la voz del Señor y el resultado lo confirmó.
Ella lo explica: La hija del pastor tuvo a su segundo bebé y la iglesia organizó una cadena de comidas para ella. Yo no me encontraba muy bien, y como siempre me ofrezco y algunas personas nunca lo hacen, pensé que estaba justificada al decir: “Esta vez no lo voy a hacer”. Sin embargo, sentí que el Señor seguía diciéndome: “Necesitas hacerlo, necesitas hacerlo.”
Fui a la tienda y tenían empanadas de pollo en oferta, tamaño familiar, rellenas de pollo y verduras. Son muy buenas, así que compré una. Pensé: “Bueno, será fácil armar una comida para Laura”. También había latas de manzana especiadas de oferta, así que compré una. Y luego recordé que yo tenía medio pastel hecho en casa en el congelador, un pastel casero glaseado de chocolate. Eso ya era una comida completa. Así que me comuniqué con la organizadora de la iglesia y le dije que había cambiado de opinión, que sí iba a contribuir con una comida para Laura y que la llevaría ese domingo a la iglesia para que el pastor se la llevara a su hija. Lo hice y me sentí muy bien al respecto.
Y he aquí el domingo siguiente Laura vino y presentó a la congregación su precioso bebé. Me dijo que el momento de esa comida había sido perfecto porque no tenían nada de comida en la casa, solo leche y pan. Yo no sabía que su situación era tan precaria, pero el Señor sí lo sabía, y me impulsó a escuchar esa voz que yo había estado resistiendo. Esta experiencia terminó siendo una gran bendición para todos. Estoy realmente agradecida por haber escuchado la dirección del Señor y porque pudimos ayudar a esta joven pareja que tiene un niño de dos años y ahora un nuevo bebé llamado Remi. Creo que es una historia maravillosa.
Ahora me estoy fijando en otros versículos de este Salmo: “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón… Me deleito en hacer tu voluntad, oh Dios” (Salmo 40:6, 8). Estos dos versículos están íntimamente relacionados. Oímos la voz de Dios para hacer su voluntad. Sé que cuando estoy en la voluntad del Señor hay una paz indescriptible, y cuando no lo estoy, me siento inquieta, la conciencia me reprende, no hay paz, no puedo dormir, y me doy cuenta. El Señor tiene una manera de hacérnoslo saber. Deseamos tener la capacidad de escuchar lo que Dios nos está diciendo, y también de actuar conforme a ello.
Copyright © 2026 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.