LA ORTODOXIA SOFOCANTE (1)

    

“Sacrificio y ofrenda no te agrada; has abierto mis oídos… Entonces dije: He aquí vengo; en el rollo del libro está escrito de mí; el hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón” (Salmo 40:6-8).
 
Lectura: Heb. 10:4-7.
 
            El texto que encabeza nuestra meditación para hoy es clave para nuestra comprensión de las Escrituras, pero ambivalente y sumamente difícil de traducir del hebreo, porque dice varias cosas a la vez. El autor de Hebreos lo tradujo (Heb. 10:4-7) dándole el otro sentido. La idea básica es que el sistema levítico de sacrifico de animales para quitar el pecado no fue la definitiva voluntad de Dios, sino que lo fue el sacrificio de su Hijo que se llevó a cabo con esta misma finalidad. Jesús supo que esta era la voluntad de Dios para Él, a saber, presentar su cuerpo como sacrificio por el pecado, porque Dios abrió sus oídos para entender cómo el Salmo 40:6-8 se aplicaba a Él personalmente. El texto “has abierto mis oídos” también se puede traducir “has taladrado mis orejas”, frase que significa “me has hecho tu esclavo”. Cuando un esclavo se quería quedar con su amo para siempre, el amo taladraba su oreja en el lóbulo para marcarlo como suyo para siempre. El Señor Jesús se hizo el esclavo de Dios para ser sacrificado y quitar nuestros pecados en obediencia a las Escrituras que Él tenía escritas en su corazón: (“Tu ley está en medio de mi corazón”). 
 
            De la misma manera que Dios abrió el oído de Jesús para entender en su Palabra su voluntad para Él, nosotros necesitamos que Dios nos abra el oído en el sentido de oír su Palabra para nosotros. Es así como entendemos las Escrituras y su aplicación para nuestra situación. ¿Cómo se aplica esta Escritura a mí? Esto es lo que necesitamos que Dios nos lo diga. Hemos de leer la Biblia con la pregunta: ¿Señor, qué actitudes quieres cambiar en mí? ¿Qué hábitos míos no proceden? ¿Qué cosas que suelo hacer no son conforme a las Escrituras?
 
            Dios habla al hombre por medio de su Palabra, pero no siempre, no automáticamente, y no siempre dice la misma cosa por medio de una porción dada. Dios no está encorsetado dentro de su Palabra. Puede aplicarla como quiere. Si vamos a oír la voz de Dios en su Palabra, Él nos tiene que abrir el oído y el entendimiento, y el Espíritu Santo tiene que soplar vida a la Palabra nuevamente. Estas dos cosas tienen que ocurrir cada vez que leemos las Escrituras, o solo recibiremos información y no vida. Es posible enseñar una porción de la Biblia con vida o sin vida. Puedes o no recibir vida de una meditación en la Palabra. A veces alguien la transmite con vida, pero el otro no la recibe con vida, porque está sorda a la voz del Espíritu; y es posible también que la Palabra sea transmitida como letra muerta, pero que el otro la reciba con vida, porque el Espíritu ha vuelto a soplar vida en ella para esta persona.
 
            Me acerco a las Escrituras con la oración: “Padre amado, abre mi entendimiento para recibir tu Palabra como si estuviese leyendo este pasaje por primera vez. En tu gracia permíteme a oír tu voz en ella. Que tu Espíritu la vuelva a inspirar para mí otra vez. “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir con justicia” (2 Tim. 3:16), por lo tanto, pido que despiertes mi oído para que oiga como los sabios” (Is. 50:4) y que me des “oídos para oír” (Mat. 13:9), y que “me vivifiques con tu Palabra” (Salmo 119:154). Amén.

   

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