EL REY

    

“Rebosa mi corazón palabra buena; dirijo al rey mi canto… Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; la gracia se derramó en tus labios” (Salmo 45:2).
 
Lectura: Salmo 45:1-5.
 
            El rey que sale en este salmo es hermoso, por su boca salen palabras llenas de gracia, es valiente y lucha a favor de la verdad, la humildad y la justicia: “¡Ponte la espada, oh poderoso guerrero! ¡Eres tan glorioso, tan majestuoso! Cabalga con majestad hacia la victoria y defiende la verdad, la humildad y la justicia” (45:4, NTV). Entendemos cómo la verdad y la justicia van juntas. La verdad se entiende con la mente y la justicia es la verdad aplicada en la vida diaria. La humildad habla de la parte interna de la persona que ha recibido la verdad y vive una vida justa. No sirve para nada creer la verdad y vivir una mentira que la niega. Esta es la causa de Cristo: la verdad, la justicia y la humildad. Vivió para enseñar la verdad, murió para hacernos justos delante de Dios y envió su Espíritu para hacernos personas humildes de carácter. La humildad es la cualidad del carácter cristiano que destaca. Son precisamente estas tres cosas, la verdad, la humildad y la justicia las que hermosean a Jesús y lo que obra en sus seguidores para hacernos hermosos a los ojos de Dios.
 
            “Tus flechas son afiladas; traspasan el corazón de tus enemigos, y las naciones caen a tus pies” (45:5, NTV). El enemigo principal de Jesús es Satanás quien es todo lo contrario a Él. Jesús es la verdad, la humildad y la justicia en persona, y Satanás es la mentira, el orgullo, y la injusticia. El enemigo es el padre de la mentira, el rey de la soberbia, y la distorsión de toda justicia. Él es el que ha engañado al mundo entero, el que quiere ocupar el lugar de Dios, y el hombre sin ley, el que no se somete a la ley de Dios y lleva a otros a rebelarse contra su Creador.
 
            La verdad que sale de la boca del Señor es una espada afilada que penetra en el corazón de sus enemigos, no para destruirlos, sino para librarlos del engaño del enemigo. Esta es la verdad del evangelio que tiene que llegar a todas las naciones para que caigan rendidas a los pies de Jesús y reconozcan su señorío.
 
            Padre amado, en el día de hoy te damos gracias por el Campeón de la verdad, la humildad y la justicia, y pedimos que cabalgue en contra de tus enemigos con la espada alzada para derrotarlos, para que sus mentiras no prosperen, para que su injusticia sea evidente a todo el mundo, y para que finalmente caigan a tus pies rendidos, en humilde arrepentimiento, reconociendo que Cristo es el Señor, para seguirle en su séquito como humildes siervos suyos para la gloria de Dios Padre. Amén.    

   

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