“Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo” (Mateo 2:10).
“Y cuando vieron la estrella, ¡se llenaron de alegría!” (Mateo 2:10, NTV).
Lectura: Mateo 2:1-11.
Vamos a ahondar un poco más en el pasaje que hemos estado considerando. La frase “se regocijaron con muy grande gozo”, o, como sale en una traducción más moderna, “se llenaron de alegría”, es tema para meditación. Los magos de oriente habían visto la estrella en su país de origen, pero emprendieron su viaje a Jerusalén sin la guía de la estrella, como ya hemos señalado. Para ellos habría sido descorazonador no encontrar al Niño en el palacio. Su primer pensamiento podría haber sido que habían hecho el viaje en vano. O, peor aún, podría haber sido que sus esperanzas habían sido mal fundadas, que la estrella no significaba nada, y que no había nacido ningún Mesías, que Dios no les había dirigido a donde estaban. Esto es muy desconcertante. Es pensar que Dios está muy lejos. Es la desilusión de esperanzas destruidas y la sensación del abandono de Dios.
Los magos dejaron el palacio de Herodes sintiéndose vacíos: “Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que, llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo”. ¿Por qué se alegraron tanto? Porque la nueva aparición de la estrella fue una confirmación que Dios estaba con ellos, que no habían hecho el viaje en vano. Enseguida su desánimo se convirtió en gozo al ver la estrella, porque la estrella era su manera principal de comunicarse con Dios. Dios lo sabía y, por tanto, les confirmó que estaban en el camino correcto al volver a enviarles la estrella. Y es un gozo para nosotros cuando Dios nos confirma que, efectivamente, vamos por buen camino, que no nos hemos equivocado, que no nos hemos desviado de su voluntad, que no hemos malentendido sus comunicaciones, sino que Él está dirigiéndonos.
Ellos habían tomado una decisión muy importante, la de abandonar su país y hacer un viaje largo y lleno de peligros para encontrar al que ellos creían era el Mesías. Nosotros también tomamos decisiones importantes que afectan el resto de nuestras vidas. ¿Nos imaginábamos que Dios nos estaba dirigiendo, o era cierto? Necesitamos la confirmación de que Dios está con nosotros, que cuenta con nosotros; necesitamos tener la certeza de que Dios nos está guiando. Estas confirmaciones son vitales. Dios sabe cómo comunicarse con cada uno de nosotros. Para algunos es por un texto de la Biblia, para otros es con la enseñanza general de la Biblia, para otros es con una visión o un sueño. Dios sabe mostrarnos su voluntad. Después de Pentecostés lo hace por medio del Espíritu Santo: “todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Romanos 8:14). Dios continuó guiando a los magos hasta que llegaron a su destino donde entregaron sus tesoros. Y cuando nosotros sabemos que Dios ha dirigido nuestra vida al ministerio que tenemos, a este lugar, podemos abrir nuestro cofre del tesoro y darle a Él todo el valor que contiene.
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