“Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra. Y vino y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono” (Apocalipsis 5:6, 7).
Lectura: Apoc. 5:8-10.
El Cordero fue hallado digno de abrir el libro y desatar sus siete sellos. Esto significa que sin el Señor Jesús los planes eternos de Dios no se podrían realizar. Jesús es imprescindible para el establecimiento del Reino de Dios. El abrir el rollo y desatar los sellos simboliza poner en marcha la voluntad de Dios. Esta incluye los juicios que tienen que caer sobre la tierra por su iniquidad, la segunda venida de Jesús, la resurrección de los muertos, el casamiento del Cordero con la Iglesia, los nuevos cielos y la nueva tierra donde mora la justicia, Jesús coronado como Rey eterno sobre la casa de Dios, la organización del reino con cada persona regenerada ocupando el lugar que le corresponde, haciendo aquello para lo cual ha sido creada, cada uno recibiendo su herencia, la reunión de nuevo con todos nuestros seres amados, justicia y felicidad completa en un reino sin fin donde Dios es honrado y adorado para siempre. Todo esto es el resultado de la obra de Cristo en la cruz.
Ahora entendemos por qué Juan lloraba al pensar que todo esto pudiese no suceder. Significaría que la muerte de Cristo en la cruz habría sido en vano. Como decía Pablo: “Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aun estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron” (1 Cor. 15: 16-18). Cuando el Cordero tomó el libro, hubo adoración en el Cielo y cántico de alabanza: “Y cantaron un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra” (5:9, 10). Este es el resultado de la redención que Cristo efectuó por sus padecimientos en la Cruz, y Él mismo es la garantía de que el Reino de Dios será establecido en la tierra.
La alabanza resultante de la presentación del Cordero que fue inmolado y vive por los siglos de los siglos, el que garantiza el cumplimiento de la voluntad de Dios en el universo entero, fue ensordecedora, hermosa y unánime. Salió espontáneamente de parte de todos los seres que poblaban el cielo juntamente con los millones de millones de seres humanos que han sido redimidos por su sangre, y vibraba por toda la Creación de Dios. Alzaron sus voces en unísono diciendo: “El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Y todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por lo siglos de los siglos” (5:12, 13). Y nosotros unimos las nuestras para decir: “Amén y amén”.
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