EL ENREDO DEL PECADO (1)

    

“¿Has comido del árbol?… Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. Entonces Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó” (Gen 3:11-13).
 
Lectura: Gen. 3:9-14.
 
            Una mujer está sufriendo lo indecible por algo que le pasó que es tan terrible que no lo puede compartir con nadie. Solo lo sabe ella y su marido. Cuando lo supo se le paró la vida. Quedó sin poder funcionar unos cuantos días, paralizada. No pudo ir a ninguna parte, ni ver a nadie. Solo compartió su dolor con Dios.
 
            En la mente de esta mujer, ella es la víctima de un gran pecado perpetuado contra ella. Quiere encubrir la situación, no por amor a la persona que cometió el pecado, sino porque le interesa a ella. Ella quedaría salpicada si saliese a la luz. No sabemos lo que le pasó, pero vamos a imaginar que su marido le ha sido infiel. Esto destrozaría a sus hijos. Ella los quiere proteger. Afectaría su posición en la iglesia, en su círculo de amistades, con los demás familiares, especialmente con sus padres y sus hermanos pequeños. Afectaría su trabajo y el de su marido. Tal vez tendrían que trasladarse a un lugar muy lejos. Para evitar esto, lo encubre todo.
 
            Vamos a imaginar un poco más. ¿Por qué le fue infiel el marido? Porque él se ha cansado de ella. Ella demandaba su atención constantemente, pedía su ayuda en todo, lo controlaba. Era una mujer histérica y dramática. Ella estaba molesta con él porque él no paraba en casa. ¿Y por qué no paraba en casa? Para no estar con ella. ¿Y por qué era tan controladora ella? Porque de pequeña sus padres no la disciplinaban. Era una niña mimada y consentida. Su madre siempre la defendía cuando ella molestaba a otros por querer ser siempre el centro de la atención. ¿Y por qué la consentía su madre? Porque su padre era violento y la habría disciplinado en exceso. ¿Y por qué era violento su padre? Porque el padre de él, el abuelo, era alcohólico e iba con otras mujeres, y violento y maltrataba a sus hijos. Este es el trasfondo del padre. ¿Y el trasfondo de la madre? Unos padres que la adoraban. Era el centro de sus vidas. ¿Y por qué adoraban a su hija estos padres? Porque no se querían el uno al otro, solo a la hija. ¿Y por qué no se querían? Porque la primera esposa del abuelo había muerto y el marido de la abuela la había dejado por otra. Los dos se habían casado de rebote y no se querían. ¿Y por qué la dejó el primer esposo de la abuela? Porque su carne lo llevaba a la infidelidad. ¿Y por qué tuvo una carne corrupta este hombre? Porque la heredó de Adán. Y ya no podemos ir más atrás. A partir de Adán el pecado de todo el mundo ha enredado a todo el mundo causando a todos pecar y todos a sufrir por el pecado de otros. Yo peco porque otro me provoca, y yo sufro porque otra peca. Y mi pecado lleva a otros a pecar. Se ha formado un cúmulo de pecado tan enorme que ha aplastado a la raza humana.
 
Este es el pecado que llevó Jesús sobre sí cuando asumió la responsabilidad de ser nuestro Salvador, el pecado de todo el mundo, un enorme enredo de pecado desde Adán hasta el pecado del marido que hace sufrir a su mujer y la mujer que lo provoca a pecar y piensa que ella es la víctima. Por eso hemos de perdonar si queremos ser perdonados, porque estamos todos en el mismo gigantesco enredo de pecado.

   

Copyright © 2026 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.