VIDA Y LUZ

     

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:1-4). “Yo soy la luz” (Juan 8:12). “Yo soy… la vida” (Juan 11:25).
 
            No salimos de nuestro asombro meditando en la Encarnación. El que era el origen de la vida, siendo Él mismo la Vida, y el que era la fuente de toda luz, siendo Él la Luz es aquel que vino a este mundo en forma de hombre con el nombre de Jesús. Todo lo que vive en este mundo ha recibido su vida de Él. Y toda persona que piensa en este mundo ha recibido su inteligencia de Él. Él es la Luz, lo cual viene a decir que Él es el que alumbra la mente. Hay un dicho popular que une luz e inteligencia: “Tiene pocas luces”. Significa que su entendimiento es limitado, que le falta capacidad mental. La luz es la capacidad de ver y comprender, discernir la verdad, pensar con claridad, razonar, entender. Una persona con muchas luces es brillante.
 
Toda persona normal tiene vida e inteligencia, es decir, vida y luz. Estas dos cosas tienen su origen en el eterno Hijo de Dios. Él creó de sí mismo el universo entero, todo cuanto existe en el universo: planetas, estrellas, sistemas solares, galaxias, para que en este planeta pequeño llamado Tierra pudiese haber vida, y la forma de vida más alta en este planeta es el hombre, quien recibe su vida y su capacidad para pensar de su Creador. El Hijo de Dios nos dio su vida y su luz (inteligencia) al hacernos a su imagen. Este mismo Creador se redujo al tamaño de un hombre para salvarnos. Esta es la revelación de la Encarnación. En la Cruz el que era Vida murió, y el que era Luz se apagó. Resucitó para darnos una nueva forma de vida, vida eterna, y una nueva mente, la mente de Cristo, alumbrada por el su propio Espíritu que puso en los que lo reciben. 
 
            Dios creó una nueva humanidad en Cristo. Esta es otra de las cosas que solo podemos entender parcialmente. Él es la cabeza de una nueva raza. Jesús es El Segundo Adán. Otra cosa que entendemos solo parcialmente es el lugar que este nuevo hombre redimido va a ocupar en el reino de Dios. Evidentemente Dios no creó al hombre para ser la criatura caída que es. Lo creó para que fuese salvo, para ser la esposa de Cristo y reinar con Cristo en su trono. Esto significa que fue destinado para ocupar un lugar aun más alto que el de los ángeles. Lo creó para ser el compañero de Cristo, para comprenderlo y tener comunión con Él, para conversar con Él, y compartir la vida con Él en niveles desconocidos para nosotros ahora. Dios nos diseñó para estar en Cristo e identificados con Él y comprenderlo hasta llegar a ser uno con Él, para ser su mismo cuerpo, tan unidos con Él como la cabeza lo es con el cuerpo.
 
            Lo que venimos diciendo es que nuestra mente no puede abarcar, ni cómo el eterno Hijo de Dios, el Creador del hombre, pudo bajar tanto para ser Hombre, ni cómo nos va a elevar en sí mismo a un lugar tan alto para ser su esposa y reinar con Él en su trono. Él bajó para hacernos uno consigo mismo y elevarnos consigo a este nivel impensable. Este es el Evangelio. ¡No me digas que no es una buena nueva! Es una noticia tan maravillosa que escapa a nuestra comprensión. ¡Tendremos que vivirlo para empezar a comprenderlo! Este es nuestro futuro como nuevas criaturas en Cristo.       

        

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