MALAS NOTICIAS / BUENAS NOTICIAS

     

“Aconteció en aquellos días que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad” (Lucas 2:1-3).
 
Lectura: Lucas 2:1-7.
 
            Seguramente, cuando salió la noticia de que todo el mundo debía ser empadronado, cada uno en la ciudad de su línea familiar, hubo gran murmuración de parte de la población. Habría un, “¡Ay, madre mía!”, de parte de muchos. “Ahora tenemos que hacer este viaje tan largo. ¿Quién va a cuidar de la casa mientras estemos fuera? ¿Quién va a ordeñar las vacas, quién va a dar de comer a las gallinas? Tardaremos días. ¿A qué viene esto? No tenemos dinero para hacer el viaje. No tenemos parientes allí ahora. ¿Cómo vamos a pagar el hotel? No estamos para hacer viajes de esta envergadura. ¿Cómo vamos a llevar a los niños? ¿Cómo podemos llevar al abuelo de 102 años al otro lado del país?”.
 
            La gente estaría quejándose de tanto control por parte del gobierno. Se estarían resistiendo a estar bajo la ocupación romana. Pensarían: “¿Por qué quieren saber cuántos somos? Allá ellos. Ojálala que Israel pudiese estar libre. Es tan injusto. No hay esperanza de liberarnos de ellos. Se han instalado, y controlan todo lo que hacemos. Lo que quieren es más dinero”. Estarían pensando muchas más cosas malas acerca de este censo, de qué imposición era y lo inconveniente, y cómo estorbaba sus vidas.
 
            Cuando José y María oyeron las noticias habrían pensado: “Caray, María está de nueve meses, ¿y tenemos que hacer este viaje? ¿Y cómo va a sobrevivir? ¿Dónde va a nacer el bebé?”. Habrían estado consternados hasta que, de repente, se dieron cuenta de que ¡esto es increíble! Vamos a estar en Belén justo cuando nazca el Mesías, y Belén es precisamente donde tenía que nacer.  Lo que no pensaron cuando oyeron la anunciación del ángel era: “Oh, vamos a trasladarnos a Belén para que el Niño nazca allí”. No. Fue Dios quien los llevó a Belén. Y había abundante evidencia de que era Dios, porque constan los archivos históricos. Cuando Dios dice que algo va a tener lugar, Él se asegura de que acontezca.  Nosotros no tenemos que hacer que ocurra. No hubo nada de manipulación aquí. Nadie puede decir que José y María tuvieron un niño deshonestamente y querían engañar a todo el mundo diciendo que su Hijo era el Mesías, de nacimiento milagroso, y que ellos hicieron que naciese en Belén. Nada de esto. Todo el mundo sabía lo del censo. Así que, el Niño nació allí donde estuvo profetizado.   
 
No había nada de preocupación porque el Niño naciera por el camino, o porque María pudiese abortar, o porque el Niño naciera muerto. Ni preocupación porque no estaban casados cuando María quedó encinta. Asumían el sufrimiento del “¿qué dirán?” Habrían pensado: “Si Dios ha hecho el milagro de hacer que María se quede en estado sin intervención humana, seguro que todo va a ir bien. Seguro que nacerá en Belén y no por el camino, tal como dijo el profeta (Miqueas 5:2), No tenemos que preocuparnos de nada”. Esto no significa que no iba a ser complicado, ni que no iban a pasar vergüenza, ni que no iba a ser incómodo, pero sí que significaba que la profecía se iba a cumplir.
Y así es con las malas noticas en nuestras vidas. De entrada, dudamos de que vayamos a sobrevivir a esto, que es una gran tragedia. ¿Cómo puede Dios permitirlo? Y luego descubrimos que es la perfecta voluntad de Dios para nosotros. Y así es con todos los desastres de la vida y con todas las imposiciones de parte del gobierno, y todas las injusticias y presiones políticas. Todo colabora para llevar a cabo la perfecta voluntad de Dios, tal y como Él había dicho.           

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