LO QUE MARÍA SABÍA Y LO QUE NO SABÍA (2)

     

“El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María” (Lucas 1:26, 27).
 
Lectura: Lucas 1:26-38.
 
            Dejamos a María al pie de la cruz sin entender por qué su Hijo no estaba cumpliendo el mensaje del ángel. ¿La Palabra de Dios le había fallado? Su Hijo tenía que reinar sobre el trono de su padre David, pero estaba muriendo. ¿Cómo se iba a cumplir la profecía de la cual ella había pasado la vida esperando el cumplimiento? No había nada en la profecía de una crucifixión y no estaba allí el ángel para preguntarle. Ahora es cuando se produjo la espera de fe más larga de su vida.
 
María esperaba en Dios juntamente con Juan y los demás discípulos. No estaba sola en esta prueba tan grande de no entender la voluntad de Dios. No se dispersaron los discípulos. Se mantuvieron unidos allí donde Jesús los encontró el día de la resurrección. Todos pensaban que ahora finalmente se cumpliría la profecía y que Jesús empezaría a reinar, que restauraría el reino a Israel (Hechos 1:6). Pero no, y otra vez sus esperanzas fueron frustradas; Jesús ascendió al cielo. ¿Y ahora qué? ¿Nunca vería a su Hijo reinando sobre un Israel libre de la ocupación romana en cumplimiento del mensaje del ángel? Si era difícil creer que reinaría cuando estaba muerto, ahora era aún más difícil creerlo cuando había ascendido al cielo. ¿Dónde estaba el reino prometido?
 
Jesús les había dicho que esperasen la venida del Espíritu Santo en el aposento alto y María estuvo allí con todos esperándola. Recibió al Espíritu Santo en el día de Pentecostés juntamente con los que habían creído. Ahora con la ayuda del Espíritu empezaban a entender la naturaleza del reino de Dios, el propósito de la muerte de Jesús y la necesidad de predicar el evangelio a todos los países del mundo para construir la Iglesia y prepararla para su retorno, ¡y entonces Jesús reinaría! ¡La espera solo había comenzado!
 
María es un maravilloso ejemplo de fe. Ejerció fe en Dios cuando solo entendía a medias los propósitos de Dios, luego no entendió nada y después entendió algo. Su fe fue muy probada. Pasó toda la vida esperando el cumplimiento de las promesas de Dios y murió en esperanza de la resurrección y del reino, lo mismo que nosotros.
 
La vida de fe consiste en recibir las promesas de Dios y esperar su complimiento aun cuando parece imposible que se cumplan. Dios siempre cumple sus promesas, pero muchas veces de forma muy diferente de lo que nosotros habíamos pensado. Esto es lo que tenemos que aprender de María: ser fieles al Señor y no dudar de su promesa a pesar de lo que nuestros ojos estén viendo. Dios será fiel. Ella también es un ejemplo de esperar juntamente con otros creyentes, como parte de la comunidad de la fe. Y como le dijo Elizabet al principio de su larga vida de fe: “Bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor” (Lucas 1:45). Así es y así será. 

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